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DÍGAME CUÁNTA VERDAD HAY
Pienso en aquella extraña fantasía de los escritores de ir en busca de experiencias
que les parecieran más intensas que las de la literatura. Algunos seguro que llegaron a
creer que la muerte de la escritura les daría acceso a lo estrictamente real. Y, aunque
siempre quise que me explicaran qué nos perdemos de la vida cuando escribimos, jamás
he pedido esas explicaciones, porque sé que discreparíamos a la hora de matizar la
definición de experiencia, y más en un mundo como el actual, tan sórdido, tan idiota,
tan literalmente bestial.
Por otra parte, la tan edificante idea de que la vida es, por supuesto, más
interesante que la literatura, la demolió para mí Ricardo Piglia en una entrevista en
Princeton, en 1998, cuando dijo que para él era más atrayente la literatura que la vida,
pues la primera solía tener una forma mucho más elegante y podía ser una actividad más
intensa.
No mucho después, John Banville, en un encuentro con Paula Corroto, no
dudaba en decir que la literatura era más interesante, pero sobre todo “más importante”
que la vida. Y, al señalarle Corroto que, sin embargo, todo lo que venía contándole tenía
que ver con la vida, Banville le dijo que, en efecto, pero que eso se debía a que no
tenemos otro material para escribir: “Porque si pudiesen, los novelistas no hablarían de
nada. Un inglés dijo que la única inspiración que se podía conseguir se limitaba a la
música, pero la vida es la vida y es el material que tenemos. Es un caos y puede incluso
ser fea, pero es lo que tenemos”.
Desde Cervantes lo que tenemos es esa formidable tensión entre literatura y
vida, que viene siendo el tipo de debate que ha desarrollado la novela. De hecho, la
novela es ese debate en realidad. Por eso no debería sorprendernos que, cuando alguien
presenta nueva novela, la pregunta más standard se interese por saber “cuánto hay de
ficción y cuánto de verdad en ella”.
Indirectamente, esa pregunta standard aparecía en La verdad en literatura,
reciente artículo de Sara Barquinero, interesante aportación al debate de la tensión entre
literatura y vida en las novelas. Por azar supongo, justo después de leerlo, me entraba
desde Palermo un correo de Valeria Luiselli relacionado con la pregunta del “cuánto hay
de verdad”. En su mensaje siciliano y en plena promoción de su formidable novela Principio, medio, fin me comentaba su inesperada alegría al haber hallado la respuesta a
la pregunta standard que le venían formulando en la mayoría de entrevistas. No era la
respuesta exacta (porque ésta no existe), pero le parecía la más próxima a la verdad: “De
autobiográfica la novela tiene el 27 por ciento”.
Tan inesperada alegría, pensé, no habría sido posible de no ser por qué, en mi
opinión, la permanente tensión entre literatura y vida logra un magistral equilibrio entre
una y otra evitando así que el vértigo de la existencia y el tedio general lleguen a ser
demasiado abrumadores.
Pregunta de última hora (utilizable en futuras entrevistas): ¿Será el 27 por ciento
aproximadamente lo que dejamos de escribir para poder vivir?
Enrique Vila-Matas
Café Perec, El País, 25/08/2026
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