ENRIQUE VILA-MATAS ENTREVISTAS  
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En Mérida (Venezuela) verano 2009
En Mérida (Venezuela) verano 2009



Papel literario. El Nacional. Venezuela. 2010.
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PAPEL LITERARIO
EL NACIONAL - Caracas, sábado 30 de enero de 2010
DIAJANIDA HERNÁNDEZ G. Y VIRGINIA RIQUELME

Enrique Vila-Matas es una de las figuras consagradas de la literatura hispanoamericana. Con una vasta obra, el escritor español fue el invitado de honor de la pasada edición de la Bienal de Literatura Mariano Picón Salas de Mérida. La ocasión fue propicia para que la Universidad de Los Andes le otorgara el Doctorado Honoris Causa.


Ha afirmado que Mujer en el espejo contemplando el paisaje, su primera no- vela, la escribió mientras hacía el servicio militar obligatorio y que la escribió para no perder el tiempo. ¿Cómo había sido su relación con la literatura y la escritura antes de esto?
A los 15 años descubrí la Generación del 27, los grandes poetas españoles de la primera mitad del siglo pasado. Y no sólo quedé deslumbrado por ellos, sino que sentí, casi de inmediato, la necesidad de escribir poemas sobre "mi soledad", algo supongo que muy adolescente (aunque, bien mirado, sigo hablando de lo mismo hoy, casi cincuenta años después).

Con respecto a su "Breve autobiografía literaria" publicada en su página Web, ¿cuán difícil es hacer un recorrido por lo que ha escrito en contraposición con lo que dice la crítica? ¿Fue necesario para usted como escritor hacer este repaso?
Fue casi terapéutico. Decidí llevar a cabo esos comentarios valiéndome exclusivamente de la escritura automática, es decir, sin reflexionar previamente sobre lo que diría de cada libro: decir sobre cada uno de ellos lo primero que me viniera a la cabeza; escribir algo espontáneo, que no resultara intelectual y que en el fondo me acercara a la verdad sobre esos libros.

Habla de sus libros como si de personas se tratase, tienen modales y carácter. ¿A qué se debe esto? ¿Cómo concibe su propia obra?
A medida que tengo más años, tanto los demás, como yo mismo, me apremian a que clarifique algo de mi obra y diga cómo la concibo. A veces, hasta parece que me hubiera llegado la hora de hacer la primera síntesis de mi producción. Sin embargo, es una obra en constante desarrollo. Es una obra --para orientarnos todos en el bosque de los significados-- a la que sospecho que le sienta bien aquello que dijera Henry James acerca de que los escritores trabajamos con lo que tenemos y nuestras grandes dudas son nuestra pasión y esa pasión es precisamente nuestra tarea... Todavía no sé adónde voy. Vaya usted a saber si no será este el tema central de lo que he venido escribiendo hasta ahora. Se trata posiblemente de una búsqueda. Cada libro me parece una nueva aventura. Escribir cobra interés para mí por el hecho mismo de aventurarme en nuevos territorios ignotos en cada libro. El atractivo del riesgo máximo en la escritura. Por otra parte, puede que todo sea menos heroico, más sencillo. Como dice Alan Pauls, mi obra lo que refleja es la voluntad de vivir una vida diferente.

Cuentos, novelas, ensayos y dentro de ellos un gran entramado de subescrituras que ha dado como resultado una obra muy particular. ¿Dónde está la fuente de toda esta escritura? ¿Cómo es el proceso para pensar un libro?
Podría contestarles que la fuente es mi propia experiencia vital, mis viajes mentales y mis lecturas. Y les estaría diciendo la verdad, porque esto es cierto, pero iré por otro lado.

Generalmente la fuente es una idea, casi nunca una imagen. Pero, si lo pienso bien, quizás la cosa es más trivial que todo esto. Doctor Pasavento, por ejemplo, surgió de un joven que estaba entre el público en un coloquio en El Escorial, cerca de Madrid.

Cuando llegó el turno de cuestiones, me preguntó cuándo pensaba yo desaparecer. "¿Físicamente o en mi propia escritura?", le dije. "Da igual", me respondió. Aquella misma noche pensé en mi hotel que, tras años de hablar de Maurice Blanchot y de disolverse en la escritura propia, me había merecido aquella pregunta. La respuesta fue la novela, Doctor Pasavento, novela sobre alguien que desea desaparecer y cree que lo buscarán cuando se haga invisible. En la novela traté de llevar a cabo esa idea de la disolución de la escritura dentro del propio texto que uno escribe.

Decidió declararse un autor no español y luego, con Y Pasavento ya no estaba, dijo que se podía reafirmar como escritor argentino. ¿Cuál es el lugar de Enrique Vila-Matas?
Si alguien habla de mí como de un escritor español no acierta del todo, no me parece que encaje mucho eso conmigo. Me considero transnacional, como lo era Bolaño, por ejemplo, aunque los chilenos aún crean que era chileno. Bolaño podría haber sido chileno si lo hubieran tratado bien cuando había que hacerlo, no después, cuando ya era más fácil reconocerlo. Me han llamado en Buenos Aires "el más argentino de los escritores españoles". Eso me hace sonreír siempre.

Hace tres años, en 2006, estuve en la Feria del Libro de Buenos Aires. No salía para nada del hotel. No salía porque me encontraba extenuado, aunque no sabía que estaba gravísimo, al borde de la muerte. Aparecí una hora en público en la feria y lo literaturicé todo. Conté que había viajado hasta tan lejos para no moverme del hotel. Quise hacer literatura de la idea de viajar y no ver nada del lugar al que has viajado. Cuando regresé a Barcelona me quedaban 24 horas de vida, así me lo hizo saber el médico. Si llego a quedarme dos días más en Buenos Aires, me habría muerto allí, y ahora dirían que era, en efecto, el más argentino de todos los escritores españoles.

Una gran parte de sus libros tratan o parten la experiencia propia, de lo vivido. Luego de haber escrito varios libros en los que la autobiografía o la autoficción es el eje central, ¿qué balance puede hacer de esta búsqueda o exploración literaria? ¿Aún le queda camino por recorrer en esta dirección?
¿Qué hombre podría soportar volver a pensar, como testigo, todo lo que ha pensado a lo largo de su vida? Recuerdo que Paul Valéry decía más o menos que nuestra historia, nuestra vida, hace de nosotros tal persona, y eso es un insulto. ¿Qué hay más ridículo que alguien?, se preguntaba Valéry. Resulta muy poco estimulante y escasamente creativo volver sobre el pasado, y ya no digamos sobre lo escrito. Me gusta mirar siempre adelante, hacia los nuevos retos.

En su "Breve autobiografía literaria" también ha escrito que admira de Robert Walser "su lento pero firme deslizamiento hacia el silencio". ¿Cómo se relaciona con la idea del silencio? ¿Ha pensado en la posibilidad de que en algún momento llegue el Síndrome de Bartleby?
A mí me llegó ese síndrome meses antes de escribir Bartleby y compañía. Precisamente escribí ese libro para combatir el síntoma.

Luego me dejé llevar por el flujo o por el habla literaria, si ustedes quieren. Cada libro que he escrito ha producido el siguiente. Poco a poco he ido descubriendo que me obsesiona saber por qué escribo. Es una historia extraña. Me obsesiona eso y seguramente escribo para saber por qué escribo. Soy como el alumno castigado que tiene que escribir lo mismo una y otra vez hasta que le salga correctamente.

Es posible que en Dublinesca, el libro que publico en marzo (en la editorial Seix Barral), haya conseguido ya por fin dominar el tema, así que a partir de ahora podré avanzar. Iré a un coloquio a El Escorial y alguien probablemente me preguntará: "¿Cuándo va a dejar de escribir acerca de por qué escribe?". Y yo le contestaré: "Cuando me salga bien, dejaré de hacerlo. Creo que en mi próximo libro ya no será necesario que siga por ahí". En realidad, si lo pienso bien, esa pregunta sobre por qué escribo (sobre la que tanto he escrito) no es una de mis verdaderas obsesiones. Seguramente lo que ha ocurrido es que empecé una serie de libros sobre la cuestión y tenía que concluirla. Todo sea dicho: en el ínterin, mientras escribía sobre esa cuestión en el fondo banal, he aprendido mucho.

¿Usted ve las crónicas como no ficción en términos de fidelidad a un hecho, de posibilidad de plasmarlos o de acotamiento de la subjetividad?
Creo que lo que me distingue de otros autores es el muy particular punto de vista desde el que analizo, contemplo la realidad. No veo nunca nada que sea parecido a lo que han visto los otros. Así las cosas, supongo que mis crónicas están condenadas de antemano a ser subjetivas.

¿Podría hablarnos un poco de esta afirmación suya: "para escribir hay que dejar de ser escritor, una cosa es querer ser escritor y pensar que se es escritor, y otra muy distinta es escribir"?
Hay muchos que ya se creen escritores sólo porque se han hecho una foto con su agente o con su editor. Pero para ser escritor hay que escribir. Y, además, escribir muy bien (pocos lo consiguen, por cierto). Y para escribir muy bien hay que dejar de pensar en ir por la calle y que la gente te reconozca como escritor porque te han visto en aquella foto con tu agente o con tu editor. Está bien que encuentres mesa en un restaurante porque eres escritor, pero es una tragedia que tengas la mesa y todo el rato, mientras cenas, te acuerdes de que escribes mal.
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