ENRIQUE VILA-MATAS LA VIDA DE LOS OTROS 
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Impressions de Kassel


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Emilio Fraia y Antônio Xerxenesky: Intercambio / Exchange
INTERCAMBIO / EXCHANGE


EMILIO FRAIA / ANTÔNIO XERXENESKY


De: Emilio Fraia
Enviado: 9 de enero, 2014


Nesky,

¿Conoces la ley Kenneth Tynan sobre el Cine Responsable? Esta dice que todas las películas que intentan diagnosticar seriamente los Problemas Humanos Contemporáneos son malas. Solo las películas históricas, las comedias, las sátiras y las de suspenso son buenas. Nota: para Tynan, Ciudadano Kane es en parte histórica y en parte sátira. O sea, estoy 800% de acuerdo contigo. Y, pensándolo después, la sinopsis de La gran belleza podría ser: “La gran belleza (Italia-Francia/ 2013, 142 min.) Al cumplir 65 años, un escritor bon vivant se cuestiona el rumbo de su vida y encuentra el antídoto para el arte vacío y frívolo de su tiempo en un vuelo de flamencos hecho en Windows 95”. Todavía no me recuperé de esa escena de los flamencos, qué cosa hedionda.

Sí, fui a Inhotim el año pasado. Me gustó todo lo que nombraste. Y está también el pabellón de Lygia Pape. Hombre. Ya quisiera yo escribir de esa forma, todo tan simple, elegante, geométrico. Otra obra que me impactó fue la de una española, Cristina Iglesias. No sé si la recuerdas, está en medio de un claro, en un lugar de selva cerrada. Es una escultura de acero, espejada, un laberinto: por fuera, las paredes reflejan la vegetación alrededor; por dentro, las texturas imitan raíces, hojas, troncos. Todo el tiempo se oye el sonido del agua. Y bien en el centro de todo, después de andar por corredores, algunos sin salida, volver, entrar de nuevo, se llega a una bomba de agua.

Antes de llegar, hay que caminar unos diez minutos por un sendero hasta alcanzar la obra. Esa parte está buena también. Tiene algo de sorpresa, y es como si una narración (la del sendero en medio de la selva) fuera interrumpida e invadida por otra (la de una gran escultura, un objeto extraño, un laberinto espejado).

Estuve pensando en historias así, que de repente se transforman en otras historias. Pasa mucho en los cuentos de Onetti. Siempre hay alguien que cuenta, imagina, inventa, recuerda. Y la historia contada, imaginada, inventada, toma la delantera y termina funcionando como una especie de comentario a la primera historia, que sigue allí, latente, al acecho. En Los ingrávidos, de Valeria Luiselli, hay algo así también. ¿La leíste? Tuve la impresión de que ese libro pasó medio desapercibido en Brasil. La narradora, que trata de escribir una novela, se obsesiona con el poeta mexicano Gilberto Owen, y la voz del poeta comienza a apoderarse de la trama y se mezcla con los recuerdos de ella. La yuxtaposición de las dos narraciones crea un efecto que me pareció excelencia pura.

Esta semana fue tensa, un millón de cosas para resolver. Debo haber ido al escribano unas cinco veces por lo menos. Y también la muerte que es responder emails. Uno responde cinco, diez, y ellos se multiplican en quince, veinte. Revisé la traducción de un cuento mío que va a salir en una antología de autores brasileños de Alfaguara en la Argentina. Y estoy intentando terminar mi libro. De hecho, me alegré mucho con la noticia de que estabas traduciendo Kassel no invita a la lógica, el nuevo de Vila-Matas. Es un libro que tiene que ver con estas cuestiones del arte contemporáneo, ¿no? ¿Qué te está pareciendo? Me gusta la forma en la que Vila-Matas aborda el tema. Historia abreviada de la literatura portátil es un librazo. Me gusta el lema de los portátiles: escribir por diversión obras que puedan fácilmente caber en una maleta (aunque, claro, escribir no sea algo exactamente divertido y haya novelas buenísimas que, dios mío, cómo pesan). En Exploradores del abismo está el famoso cuento con Sophie Calle y, en fin. Todo infinitamente más interesante que la visión de Mario Vargas Llosa sobre el arte contemporáneo, para dar un ejemplo peso pesado de un “detractor de lo contemporáneo”. Y, mira, no me tomes a mal, me encanta Vargas Llosa. Los cachorros, La ciudad y los perros y La tía Julia y el escribidor son libros que calan hondo en el pecho de este prosista. Pero esa reciente La civilización del espectáculo no da. Puedo hasta entender el empeño en conservar la tradición de la novela, etc., pero no que se convierta en un Flamengo-Fluminense.

Vi que en una entrevista reciente sobre Kassel, Vila-Matas cita un fragmento de una entrevista a David Foster Wallace. Voy a transcribirla aquí a título de “hasta pronto, Nesky”. Es así: “La ficción puede ofrecer una visión de mundo tan sombría como se quiera, pero para ser realmente buena tiene que encontrar una manera de, al mismo tiempo, retratar el mundo e iluminar las posibilidades de permanecer vivo y humano dentro de él”. Es algo “literario” y semicursi, ¿no? Pero qué sé yo. Creo que llegué al final, y casi estoy absolviendo a los flamencos, las propagandas de perfume y el Windows 95.

Abrazote, y esmérate.
Emilio



De: Antônio Xerxenesky
Enviado: 11 de enero, 2014


Dearest Emilio,

Me alegra que estemos de acuerdo en el ítem cinematográfico, aunque estaba esperando algún desacuerdo salvaje, algo que hiciera de esta última carta un espacio de disputa y pelea.

En cuanto a la instalación de Cristina Iglesias, no me acordaba: tuve que buscarla en Google para confirmar que visité esa obra en Inhotim. La verdad es que caminé por ese laberinto sin entender absolutamente nada. Cuando eso me pasa, prefiero ni mirar el release explicativo. Esos textos informativos que se proponen explicar una obra de arte con un montón de jerga académica sobre “la relación entre el hombre y el espacio” tienden a ser nauseabundos. Es gracioso cómo los dos reaccionamos de manera completamente distinta frente a una obra; si no la hubieras mencionado, no habría recordado ese lugar verde-vidriado.

Hace tiempo que estoy planeando leer a Luiselli. No creo que haya pasado desapercibida por aquí, varios amigos comentaron el libro; la verdad es que casi todo autor latinoamericano cuyo nombre no sea Roberto Bolaño termina siendo menos leído de lo que debería en Brasil. Tengo la impresión de que somos mucho más influenciados por las tendencias del mercado norteamericano; incluso los éxitos europeos a los que les va bien en Brasil tuvieron el sello de aprobación de los norteamericanos: Thomas Bernhard, W.G. Sebald... Una pregunta cruel: Roberto Bolaño ¿habría tenido tanto éxito en Brasil si no hubiera sido por la fama tremenda que tuvo en los Estados Unidos? Claro, quizás esté siendo paranoico.

No leí todavía a Luiselli porque me estoy olvidando de lo que es leer un libro por placer, una novela elegida por puro capricho. Sabes cómo funciona: trabajo ocho horas por día, después del trabajo voy a casa donde trabajo más, en otra cosa, en este caso en la traducción de Vila-Matas, y a veces incluso tengo alguna reseña o artículo por escribir o un libro que leer para escribir las famosas “solapas no firmadas”. Dios, y tengo que encontrar un espacio para leer algo de investigación para mi futura novela. Y un poco de tiempo para ver alguna película o una serie tonta, jugar videogames, existir, comer una hamburguesa, cepillarme los dientes.

Tengo que encontrar la forma de hacer que el día tenga 30 horas. O cambiar mi estilo de vida.

Volviendo a Vila-Matas: no está nada fácil traducir Kassel. No por alguna dificultad intrínseca del libro (aunque tiene muchas expresiones barcelonesas que nunca oí), sino porque Vila-Matas es un autor tan presente en mi vida que traducirlo es intimidante. Eso no quiere decir que tenga una idolatría ciega por él; como con todo autor que realmente admiro, tengo mis crisis de fe. A veces me parece que tanta metaliteratura y autoficción terminan quitándole mucho de humanidad, que faltan personajes tridimensionales. Y admito que Dublinesca y Aire de Dylan me parecieron libros de poca vitalidad. Este nuevo que estoy traduciendo, sin embargo, es increíble, es Vila-Matas en su mejor forma. Y si creyera en la sincronicidad, diría que es un mensaje del destino que este libro haya caído en mis manos. Vila-Matas trata varios de los temas que me vienen obsesionando: desde la defensa de lo contemporáneo –¡sobre lo que conversamos aquí!– hasta las caminatas de Walser y la reclusión de Wittgenstein (el último libro que leí 100% por placer fue la increíble biografía de Wittgenstein escrita por Ray Monk). Tu recuerdo de Historia abreviada es certero, Vila-Matas es buenísimo al abordar el arte contemporáneo, especialmente a los discípulos de Duchamp.

En fin, Kassel es un libro excelente y espero que mi traducción le haga justicia. No sé cómo es para ti, pero, para mí, traducir es un tanto como escribir ficción: durante todo el proceso creo que está quedando horrible y que soy una farsa. Solo después, revisando con calma, puedo evaluar de forma más realista el resultado. La excepción reciente fue la traducción que hice de El fondo del cielo, de Rodrigo Fresán. Al terminar, tuve la certeza de que había hecho un trabajo digno, de que Fresán estaba sonando natural en portugués, de que el resultado era una novela traducida sin acento y, al mismo tiempo, fiel. Quisiera que fuera siempre así.

Miro el tamaño de la carta que escribí hasta ahora y veo que estoy abusando del tiempo y del espacio, como el ganador del Oscar que continúa su discurso por mucho tiempo e ignora el volumen de la orquesta que va en aumento. Me gustaría encontrar una frase (una cita también sería válida), un tema, un mensaje, algo para cerrar en forma redonda nuestra correspondencia. No se me ocurre nada. He estado ansioso, no reconozco más la diferencia entre día de semana y fin de semana, vengo trabajando mucho y leyendo, por placer, poco. Por favor, vamos a arreglar ese almuerzo, un almuerzo que sea terriblemente largo e inútil, un almuerzo de tres horas, con café incluido en un segundo lugar y un helado de pistacho en un tercero. Creo que lo estoy necesitando.

Fue un placer,
Nesky

* fragmento de la correspondencia Fraia-Xerxenesky publicado por Traviesa (web de “la literatura contemporánea de cerca”)
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