ENRIQUE VILA-MATAS LA VIDA DE LOS OTROS 
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Barcelona en los años de García Márquez y Vargas Llosa
Barcelona en los años de García Márquez
y Vargas Llosa

HISTORIAS DE BARCELONA

JUAN PABLO MENESES


Estamos apretados como en la bodega de un barco. Es domingo por la noche y en el bar Heliogabal, en el barrio de Gracia, no entra nadie más. En un rincón, el escritor Javier Calvo lee un cuento inédito donde aparecen magos y misterios. Gesticula y mueve las manos a lo Sandro, como si en vez de estar leyendo un cuento estuviera siguiendo una partitura. Hay poca luz, mucha madera y una barra llena de cervezas en esta noche literaria. La carga de este galeón está formada por jóvenes que trabajan en Barcelona como editores o escritores o periodistas o traductores o cronistas o agentes. Los hay españoles, catalanes y latinoamericanos. Durante la lectura, todos se miran entre sí. De frente, disimuladamente o de reojo. Atentos a cada movimiento. No son muchos, pero todos parecen tener claro que, si este barco se hunde, cada uno deberá salvarse como pueda.Nada tiene que ver con la vieja imagen de la Barcelona del Boom Literario de los años 60. Aquella ciudad en la que vivieron García Márquez, Vargas Llosa y José Donoso, y donde las historias latinoamericanas lideraban la demanda. La Barcelona 2010, más cosmopolita que la de Franco, tiene la mirada puesta en Nueva York, en las series de televisión de Estados Unidos, en los hipervínculos y en narrar las enfermedades propias del desarrollo. La realidad virtual del primer mundo a cambio del realismo mágico tercermundista. El barrio de Gracia tiene tanto de residencial como de bares que cierran a las tres de la mañana. Pero también es el lugar de Barcelona donde vive Enrique Vila-Matas, el escritor más famoso de la ciudad en estos días. En su autobiografía online, Vila-Matas cuenta que en 1997, mientras escribía Extraña forma de vida, acabó transformándose “en una especie de Fernando Pessoa del barrio de Gracia de Barcelona”. Para la nueva generación, su figura sigue siendo la de un fantasma.La presentación termina con aplausos. El autor avanza entre abrazos y felicitaciones, en un segundo desaparecen las sillas y todos nos reunimos alrededor del bar.

-Siempre nos encontramos en presentaciones -le dice una joven escritora a un joven editor, mientras se abrazan.

Javier Calvo acaba de publicar Corona de flores, una novela gótica de crímenes ambientada en la Barcelona del siglo 19. Su anterior novela, Mundo maravilloso, transcurría en la Barcelona de hoy. Algunos dicen que desde que Woody Allen filmó aquí Vicky Cristina Barcelona, en el 2008, Barcelona se consolidó como un escenario mundial de historias. Aunque vale la pena recordar que, muchos siglos antes de ser mostrada por el neurótico más famoso del planeta, Barcelona ya había aparecido en un libro: El Quijote de la Mancha. En la fiesta hay dos chicas que parecen Vicky y Cristina. Una editora joven pasa su tarjeta, muestra su último libro y pregunta por planes. Busca libros modernos. Cualquier saludo inofensivo, rápidamente se transforma en una charla de trabajo. El galeón se ha convertido en un encuentro de oficina. De pronto, el público se ha dividido entre quienes tienen un proyecto y los que compran proyectos. Las risas y los brindis no logran disimular el ímpetu. En Barcelona los libros son parte del paisaje. No sólo por que aquí están las principales casas editoriales del idioma, y los más influyentes agentes en español. Ni porque cada Día de Saint Jordi, los 23 de abril, la ciudad se vuelva loca por la venta y compra de libros y se rompan récords y se haga propia una fiesta mundial: el día del libro. Ni tampoco por la gran cantidad y tipos de librerías: La Central (Rambla Catalunya), Laie (Paseo de Gracia) y FNAC (Plaza Catalunya), son tres ejemplos distintos y recomendables. Los libros son parte del paisaje, por fiestas y personas como éstas. A los pocos minutos uno siente que ya conoce a casi todos. De alguna manera, todo el mundo está linkeado dentro del Heliogabal.

-Ésta es la nueva movida literaria de Barcelona- me dice, desde atrás de unos anteojos de marco grueso, una traductora catalana. Nunca se tradujeron tantos libros como ahora. En la mezcla del bar se abarca buena parte del abanico. Está Claudio López de Lamadrid, editor de Mondadori, responsable de publicar a autores nuevos que también están esta noche: Javier Calvo, Robert Juan-Cantavella y la peruana Gabriela Wiener. Está Miguel Aguilar, responsable de Debate, y Marc Caellas, de CasaAmérica Catalunya. María Lynch, joven agente literaria con varios autores de futuro. También aparecen encargados de editoriales independientes, como Diana Hernández, editora de moda con Blackie Books, y Ana Pareja, de Alpha Decay, que acertó con los éxitos Odio Barcelona y Matar en Barcelona. Barcelona como una marca. Barcelona como una licencia. De todos los barrios barceloneses, el más literario sigue siendo el Raval. Por ahí caminaba Pepe Carvalho, el detective de las novelas de Vázquez Montalbán. Y ahí queda la cafetería Central (c/ Ramelleres, 27), un lugar muy frecuentado por Roberto Bolaño antes de la consagración. La última vez que divisé a Bolaño, cuando ya había publicado Los detectives salvajes, fue en la esquina más transitada de la ciudad: estaba en la cafetería Zurich, de Plaza Cataluña, compartiendo café y cigarros con el escritor Rodrigo Fresán y el crítico Ignacio Echavarría. El mar de turistas no los reconocía. El Raval tiene una historia que crece en su mitología. En todo el tiempo que viví en la calle San Pau, nunca supe que el bar Marsella (c/ Sant Pau, 67) era frecuentado por Hemingway y los fanáticos de emborracharse con absenta. Hoy aparece aquel detalle como un nuevo gancho promocional. Raval es más barato, y esa termina siendo una buena razón para hacerlo literario. Una noche, en uno de las tantas cafeterías/bares del barrio, veo cómo ve fútbol parte de la nueva generación literaria catalana. El televisor muestra un partido del Real Madrid, y en la mesa esperan una derrota merengue Robert Juan-Cantavella (autor de El Dorado), Eloy Fernández Porta (reciente ganador del Premio Anagrama de Ensayo), Jaime Rodríguez (editor de la revista literaria Quimera) y Jorge Carrión (autor de Los Muertos). En Raval, una caña de cerveza tirada cuesta la mitad que en un bar de Gracia. Jorge Carrión, alias Jordi, es un entusiasta de esta nueva generación que habla de la ciudad al menor descuido. Hace poco, publicó el ensayo La literatura de la marca Barcelona, donde dice que en los últimos diez años la representación de la ciudad se ha convertido en una cuestión global. Ahí explica: “El éxito urbi et orbe de La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, y de La catedral del mar, de Idelfonso Falcones, ha coincidido con el estreno de diversas películas que han escogido a Barcelona como escenario: Todo sobre mi madre (1999), de Pedro Almodóvar, L'auberge espagnol (2002), de Cédric Klapisch, The Cheetah Girls 2, de Kenny Ortega, y Vicky Cristina Barcelona (2008), de Woody Allen. Todas esas ficciones tienen en común una misma topografía: la Barcelona tradicionalmente turística, configurada por el Barrio Gótico y la ruta modernista, con Montjuïc y el Parc Güell en sus extremos y con la Rambla como ecuador”. La noche del partido de fútbol caminamos por Ramblas entre turistas y vendedores. Carrión viene llegando de Nueva York, y trae la boca llena de novedades que suelta como buenas nuevas. Nos despedimos en Plaza Cataluña, y lo veo desaparecer lentamente hasta ser tragado por completo por la ciudad de sus análisis.

-¿Qué libro viniste a presentar? ¿Cuál es tu agente? ¿En qué estás trabajando? -me dispara a quemarropa una editora en la barra del bar Heliogabal, en Gracia. Le digo en qué estoy trabajando: un artículo de Barcelona para una revista de viajes. Igual me pasa su tarjeta. Ya pasaron un par de horas desde que Javier Calvo dejó de actuar la lectura de su cuento inédito. Es madrugada de lunes y buena parte de la tribu sigue reunida a un costado de la barra. Ahora, algunos se mueven dentro de la bodega del barco como si estuviéramos en mitad de una tormenta. A veces es mejor caminar lento, para no caer. No hay turistas en este bar de Gracia. Cada vez cuesta más encontrar bares sin turistas en esta ciudad que se transformó en producto. Según publicó el diario La Vanguardia en enero pasado, basándose en un estudio de una consultora británica, sólo París y Londres superan a Barcelona en la clasificación de ciudades europeas con mejor marca. El cronista argentino Leonardo Faccio habla de Messi. Lleva varios meses siguiéndolo, como parte de un proyecto que espera terminar en libro. El éxito mundial del Fútbol Club Barcelona también ha servido para potenciar la ciudad. Se nos suma Gabriela Wiener, la cronista peruana que debutó exitosamente con su libro Sexografías, donde hay varias historias de la movida barcelonesa. Dos noches más tarde, junto a Faccio y Wiener iremos de copas por el barrio Gótico, donde Carlos Ruiz Zafón ambientó la saga La sombra del viento y Juego del Ángel. Caminaremos por entre esas calles Best Sellers, en busca de un restaurante, sintiéndonos parte de una gran escenografía que lleva miles de años, pero que ahora está de moda y a todos ayuda. La ciudad como un set ideal. El barrio gótico como otra gran puesta en escena. Después de comer, terminaremos en una fiesta del Club Canalla: una comunidad virtual que organiza fiestas con strippers, tacos altos y látex. Otro auge de la ciudad. De estas performances es de donde viene el post-porno, una variante de género de la industria, que ya tiene 4 libros publicados y con éxito. Barcelona siempre como un exitoso telón de fondo. Pero para esa noche en el Gótico todavía faltan un par de días. Por ahora, seguimos en esta fiesta donde está buena parte de la nueva generación de autores y escritores y editores de la misma ciudad donde brilló el Boom Latinoamericano. Esa vez lucían los autores, ahora luce la ciudad. Seguimos en este bar que las hace de bodega de barco. Arriba de un galeón catalán que parece estar llegando a destino: Por fin, Barcelona ha logrado ser más importante que sí misma.

La ciudad es hoy más cosmopolita que la del Boom literario de los 60. Los libros son parte del paisaje. Aquí están las mayores editoriales en español. Barcelona es una de las tres mejores “marcas” a nivel de ciudades.

Artículo publicado en El Mercurio (Chile) el sábado 26 de junio 2010.
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