ENRIQUE VILA-MATAS LA VIDA DE LOS OTROS 
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Reveries-Rousseau

Sebald sobre Walser

Paseante solitario-Pamiela
PASEANTES

BLANCA RIESTRA


La ciudad de mi infancia era una ciudad de paseantes. Los coruñeses peinaban las calles de arriba abajo como si tuviesen miedo de volver a casa. Pero además estaba el propio Paseante, al que ya no me cruzo nunca, de quien se decía que estaba loco. Supongo que ya habrá muerto. Era un señor sonriente y melenudo con rostro tiznado por el sol. El Paseante fue un poco el héroe de nuestra infancia.

Creo que el espíritu deambulatorio, cuando se tiene, ya no te abandona hasta la tumba. Condiciona y desaliña ya todas tus actividades. Fueron escritores paseantes Walser o Benjamin y lo son autores contemporáneos como Sebald o Vila-Matas.

A mí siempre me han obsesionado personajes como Rimbaud, que caminó desde Charleville hasta París, o su amigo Germain Nouveau que, en edad madura, se convirtió en una especie de poeta mendicante. En los libros de Breton y de Aragon lo que realmente sucede es la ciudad vista en largas errancias nocturnas, los escaparates de las tiendas cerradas, los monumentos ciegos, los recuerdos que la ciudad sueña cuando ya no queda nadie.

Los deambulatorios siguen existiendo y quizás últimamente con más brío. Este verano me he topado con dos ejemplares maravillosos, los dos argentinos. El primero, Sergio Chejfec, afincado en Nueva York, sacó esta última primavera una novela que se llama La experiencia dramática (Candaya) y que narra los paseos por una ciudad, cuyo nombre no se nos revela, de dos personajes, Félix y Rose, y sus largas conversaciones en torno a un vacío de sentido.

El segundo, Juan José Saer, fallecido hace unos años, considerado el máximo renovador de la narrativa argentina desde Borges, llevó el arte del paseo a su cumbre, construyendo todo un ciclo de novelas de donde los personajes salen y entran en diferentes edades y momentos de sus vidas, creando una deliciosa constelación de recuerdos y sensaciones, de tiempo en movimiento y tiempo detenido. La lectura de Saer me ha proporcionado un furor lector que no conocía desde que Bolaño nos dejó. Es Saer, como el chileno, un narrador visceral y generoso que te engulle. De entre todos sus títulos, les recomiendo un grueso volumen reeditado por El Aleph y que aún se encuentra en librerías. Contiene este mamotreto Responso, La vuelta completa y Cicatrices. Tres novelas increíbles que discurren en el territorio mítico y real de Santa Fe, ciudad provinciana donde un grupo de amigos se encuentran y desencuentran, lugar del que escapan y al que retornan y cuyas calles repetidas, siempre las mismas, conforman una especie de geografía sintética del verdadero mundo.


La Voz de Galicia, 11 de octubre 2013
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