ENRIQUE VILA-MATAS LA VIDA DE LOS OTROS 
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El cuento de las arenas





Terence Stamp




Actor de filmes como Teorema (Pasolini), El coleccionista (Wyler), Modesty Blaise (Losey), Pobre vaca (Loach), Wall Street (Stone), Valkirie (Bryan Singer), Stamp escribe desde muy joven. Ha publicado tres volúmenes de sus memorias, Stamp Album y una novela titulada The Night. Desde el día de 1968 en que lo vi en Ibiza con un manuscrito camino de su casa en la isla, siempre me intrigó saber qué clase de libros podía escribir este actor. Su cuento más reciente me ha dado por fin -42 años después- la primera pista.

E V-M


EL CUENTO DE LAS ARENAS

TERENCE STAMP


Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaban a éstas. Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto, y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo, le susurró: “el viento cruza el desierto, y así puede hacerlo el río.”

El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas, y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.

“Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo, no lograrás cruzarlo. Desaparecerás, o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino.”

¿Pero cómo podría esto suceder? “Consintiendo en ser absorbido por el viento.”

Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo, él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. “¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?”.

“El viento”, dijeron las arenas, “cumple esta función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río.”

“¿Cómo puedo saber que esto es verdad?”

“Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano, y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río.”

“¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?”

“Tú no puedes en ningún caso permanecer así”, continuó la voz.

“Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial.”

Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él, ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó — ¿o le pareció?— que eso era lo que realmente debía hacer, aun cuando no fuera lo más obvio.

Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó: “Sí, ahora conozco mi verdadera identidad.”

El río estaba aprendiendo, pero las arenas susurraron: “Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras, las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña.”

Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía, está escrito en las arenas.


THE TALE OF THE SANDS

A stream, from its source in far-off mountains, passing through every kind and description of countryside, at last reached the sands of the desert. Just as it had crossed every other barrier, the stream tried to cross this one, but it found that as fast as it ran into the sand, its waters disappeared.

It was convinced, however, that its destiny was to cross this desert, and yet there was no way. Now a hidden voice, coming from the desert itself, whispered: “The wind crosses the desert, and so can the stream.”

The stream objected that it was dashing itself against the sand, only getting absorbed: that the wind could fly and this was why it could cross a desert.

“By hurtling in your own accustomed way you cannot get across. You will either disappear or become a marsh. You must allow the wind to carry you over to your destination.”

But how could this happen?

“By allowing yourself to be absorbed in the wind.”

This idea was not acceptable to the stream. After all, it had never been absorbed before. It did not want to lose its individuality. And, once having lost it, how was one to know that it could ever be regained?

“The wind,” said the sand, “performs this function. It takes up water, carries it over the desert, and then lets it fall again. Falling as rain, the water again becomes a river.”

“How can I know that is true?”

“It is so, and if you do not believe it, you cannot become more than a quagmire, and even that could take many, many years; and it certainly is not the same as a stream.”

“But can I not remain the same stream that I am today?”

“You cannot in either case remain so,” the whisper said. “Your essential part is carried away and forms a stream again. You are called what you are even today because you do not know which part of you is the essential one.”

When he heard this, certain echoes began to arise in the thoughts of the stream. Dimly, he remembered a state in which he —or some part of him, was it?— had been held in the arms of a wind. He also remembered —or did he?— that this was the real thing, not necessarily the obvious thing to do.

And the stream raised his vapor into the welcoming arms of the wind, which gently and easily bore it upwards and along, letting it fall softly as soon as they reached the roof of a mountain, many, many miles away. And because he had had his doubts, the stream was able to remember and record more strongly in his mind the details of the experience.  He reflected, “Yes, now I have learned my true identity.”

The stream was learning. But the sands whispered: “We know, because we see it happen day after day: and because we, the sands, extend from the riverside all the way to the mountain.”

And that is why it is said: The way in which the Stream of Life is to continue on its journey is written in the Sands.

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