ENRIQUE VILA-MATAS LA BIBLIOTECA DE LA TRAVESERA DE DALT 
 índice     autobiografía     imágenes     obra     traducciones     premios     textos     la vida de los otros     recomendaciones     eventos
Biblioteca Montano, 3
Bela Lugosi´s Dead
RIVERRUN

Riverrun. Cuando hablo a solas me gusta especialmente farfullar esa palabra, quizás porque con ella no pierdo la noción de encierro, de reclusión. Riverrun me suena a retiro, a meditación, pero también a curso de las cosas, a río de la vida, a río que me está conectando con el universo entero, como si la biblioteca de 21 libros que desde Madrid he trasladado a este cuarto turinés aspirara a ser el mundo. Acabo de pasar revista a mis libros para asegurarme de que no son 32, esa cifra que me remite a una hora para mí obsesiva y, sobre todo, peligrosa, las 3:20.

De haber transportado hasta aquí, sin darme cuenta, una biblioteca de 32 libros, ahora andaría inquieto pensando que estaba ante una especie de broma pesada del destino. Pero son 21, cifra alada que multiplicada por dos da el 42, el número de días que permaneció encerrado en su habitación, aquí en Turín, el autor de Viaje alrededor de mi cuarto.

Es sólo una casualidad que esta biblioteca portátil alcance exactamente la mitad del número de días que de Maistre tardó en escribir su libro. No lo es que vuelvan ahora a sonar los acordes tenebrosos de Bela Lugosi´s Dead, interpretados en esta ocasión por Tipperary Club. Y no lo es porque he dispuesto en mi iPod una sucesión muy pensada de versiones distintas de la canción. Es completamente casual, en cambio, que mi vida en estos momentos parezca transcurrir entre el conde Drácula y el conde de Maistre.
Biblioteca Montano, 2 Biblioteca Montano, 3 Biblioteca Montano, 6
LA BIBLIOTHÈQUE DE LA CHAMBRE OBSCURE

Alberto Savinio était si mécontent des encyclopédies qu’il se fit la sienne pour son usage personnel. Je crois avoir fait la même chose avec la littérature de ce siècle, car chez moi, dans une chambre noire, j’ai réuni tous mes auteurs favoris. Il n’y a pas un matin où, en guise de ce que nous pourrions appeler échauffement, je ne pêche au hasard, dans l’obscurité, un tome et je ne le relise dans mon lit jusqu’à ce que monte l’un de ces désirs irrépressibles de me mettre à écrire. Ensuite, pour bien m’assurer que tout ira pour le mieux, je prends un café, j’allume une cigarette et je vais à la fenêtre depuis laquelle je peux voir toute la ville. Là je fume et je pense à la vie et à la mort, jusqu’à ce que me vienne la sensation, parfois trompeuse, d’être définitivement prêt pour l’écriture.

Je ne saurais vivre sans cette bibliothèque que j’ai constituée pour mon usage personnel, ce qui revient à dire que je ne serais rien ni personne sans ma fenêtre. Le roi de la chambre obscure c’est Bartleby, qui pour moi représente la parabole à l’origine de la littérature contemporaine, son étape fondamentale (...)
Biblioteca Montano, 4
HISTORIA ABREVIADA DE LA BIBLIOTECA PORTÁTIL
Biblioteca Montano, 2
1. Fragmento biblioteca
Biblioteca Montano, 3
2. Destrucción de los libros odiados
Biblioteca Montano, 4
3. 19-20 mayo, mudanza
Biblioteca Montano, 2
4. Escritorio de la Travesía del Mal. De
Al sur de los párpados a Dublinesca
Biblioteca Montano, 4
5. Una segunda residencia (imposible)
en aquellos días de Travesera de Dalt:
la casa de W.B. Yeats en Howth
Biblioteca Montano, 3
6. Voyage au tour de ma chambre
Biblioteca Montano, 2
En Melilla, 1971, escribiendo Mujer en el espejo
(En un lugar solitario fue su titulo original)

Biblioteca Montano, 3
El apartamento de la Travesía del Mal hoy en día
EN LA BIBLIOTECA DE ENRIQUE VILA-MATAS
Por Jesús Marchamalo

Las geografías

Subo en el ascensor con una foto que me ha enviado días antes por correo electrónico. Una torre de libros, en los que no se aprecian los títulos, y tres baldas donde resaltan un par de fotos, en blanco y negro, de una jovencísima Marguerite Duras. En ambas tiene los ojos cerrados, como si estuviera dormida.

Sospecho que la foto contiene algún mensaje que soy incapaz de interpretar, y por eso la he traído conmigo y en el ascensor, camino del sexto piso, intento descifrar algún detalle inadvertido: la postal del homenaje a Pepín Bello organizado por la Residencia de Estudiantes, o la cubierta de un libro en el que, en azul, se ve un rostro que puede ser de Georges Perec.

Fue Juan Villoro quien dijo que la casa de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es un símil, a escala, de su literatura. Un lugar íntimo, tranquilo, luminoso y pequeño, presidido por un inmenso ventanal que da al mundo. Un exterior abierto salpicado de nubes desgalichadas y espigadas antenas colectivas, donde hoy falta el mar, al fondo.

En medio, una mesa, y un sillón basculante que parece precisar carné de conducir, donde por la mañana se sienta a leer.

Todo en la casa –cuenta- tiene un orden marcado por la falta de espacio. Todo tiene su sitio, los libros incluidos. Y hay libros que llevan treinta años en el mismo lugar. Lo que comenzó siendo una casualidad, un mero azar, ha acabado creando un orden inclasificable más de geógrafo que de bibliotecario. Una clasificación secreta, alejada de servidumbres alfabéticas, y amparada por una memoria visual que le permite recordar cada lomo, y localizarlo, de un vistazo, en las estanterías. Así, hay una que prácticamente ocupan seis autores, que podrían ser casi un continente: Gombrowicz, Musil, Walser, Pitol, Sebald y Kafka, su escritor predilecto. Arriba, los primeros números de la revista Poesía, muy leídos, muy trabajados, y que participaron activamente en la Historia abreviada de la literatura portátil, y abajo, carpetas –rojas, negras-, una por cada libro que ha escrito, y que contienen contratos, recortes, reseñas, y en algunos casos el manuscrito original, lo que no deja de tener mérito, dice, en una casa tan pequeña.

Libros en un contenedor

En otra balda, a la altura de los ojos, conserva los cuatro números de la Nouvelle Revue Française en los que ha colaborado y que guarda como un trofeo, y cerca, la edición de Barral (1974) de Jakob von Gunten, de Robert Walser, desencuadernada y llena de papeles y notas. “Éste es el libro de donde sale todo, mi libro favorito”, afirma. “Los demás, Gombrowicz, Sebald, Musil, no son exactamente mis preferidos, sino los autores de los que tengo más libros… Aunque estoy pensando en que sí serían en realidad mis preferidos pero no los que más me iluminan”.

Recuerda con claridad, eso sí, una noche lluviosa, hará posiblemente veinte años, cuando tomó la decisión dramática, heroica, de deshacerse de su biblioteca de Derecho. Lloviendo, a hurtadillas, en dos viajes interminables, como un conspirador decimonónico, bajó a la calle cargado de maletas, y arrojó a un contenedor, libro a libro, sus tres años de carrera. Luego subió a casa, exhausto, se encerró y emprendió una nueva vida, tras tomarse un Frenadol. Por si acaso.

Lo que le contaron después sus amigos abogados, siempre tan serviciales, es que aquellos libros tenían cierto valor, y que podría haberlos vendido por una cantidad. Además de ahorrarse el catarro.

Así que en las baldas que en su momento ocupaba el Derecho Penal, el Romano, o lo que fuera, hay un sector de confusión, ahora, en el que predominan, entre otros, Paul Auster, Coetzee, Martínez de Pisón, y Bolaño, de quien muestra un ejemplar dedicado: “Para Paula y Enrique, amigos ejemplares, por decir algo, pero en realidad mucho más”. Tiene otro, también, de Bioy Casares –“Para Enrique, con afecto”- y algunos más de amigos o simples conocidos.

El sitio donde escribe, una mesa grande, ordenada y limpia, casi de recepcionista de hotel, lo presiden dos montones de libros de los treinta o cuarenta que andan por ahí, perdidos. Libros de consulta, trabajo, o pendientes de clasificar. Anoto, por ejemplo, a Claudio Magris, El infinito viajar; a Roth, El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras, y un tomo de Entrevistas del Paris Review. Alrededor, como un talismán, ocupando todas las paredes, los escritores clave, muchos: Stevenson, Carver, Calvino, Dalí. “Me gusta muchísimo el Dalí escritor”, dice. Roussel, Perec, Tabucchi, Monterroso y, sorpresa, Ramón Gómez de la Serna. El Ramón de cara de mazapán, que escribía con tinta roja, como la sangre de los plebeyos. “En México, hace tiempo, me compararon con él”, cuenta. “Protesté, pero después, por curiosidad, empecé a comprar y leer muchos de sus libros, y algunos fueron una agradable sorpresa. Me pareció muy divertido, por ejemplo, El hijo del millonario”.

Hay más, Handke, Benet, Borges… Muchos, con su firma, Vila-Matas, y la fecha de compra o lectura en la primera página. Y la ciudad, si los leyó de viaje.

Dos fotos

Tiene también dos fotos que llaman la atención. Una es la fachada de la librería Shakespeare and Company, en París, y otra, el Grand Hotel de France, en Nantes, donde se suicidó de una sobredosis de opio Jacques Vaché. Un escritor del que habla en Bartleby y compañía, amigo de Breton y que sólo escribió algunas cartas desde el frente durante la I Guerra Mundial, lo que le bastó para pasar a la historia de la literatura. Su suicidio, en una habitación cuya ventana señala en la foto, escandalizó a la sociedad francesa de la época. Allí fue hace tiempo, con Jorge Herralde, sólo para comprobar cómo en el hotel negaban que hubiera sucedido.

Y hay más: Joyce, Conrad, Highsmith… Le pregunto, casi a quemarropa, por la foto que me envió de la biblioteca, y su mensaje oculto, si es que existe. “Me gustó esa visión porque es muy lateral”, confiesa. “No muestra la biblioteca, sino sólo una parte, una esquina, ni siquiera la más representativa. He de confesar una pasión por lo excéntrico, lo que está fuera del centro. Las dos fotos de Duras, con los ojos cerrados, las cogí de un mural que habían hecho en una iglesia de La Baule, un pueblecito francés donde le rendían un homenaje”.

Dos días más tarde recibo otro correo electrónico. Me envía un cuento. La historia de un escritor de fama que, tras marcharse de su casa el periodista, vuelve a poner su biblioteca en el estado en el que se encontraba antes de que, con el anuncio de la visita, se hubiera dedicado a transformarla, a colocarla tal como deseaba que la viera el mundo.

Lo que no deja de tener mérito, eso sí, en una casa tan pequeña…

Locus Solus
Raymond Roussel

“El libro que me descubrió que en novela era posible todo, lejos de cualquier dogma o imposición. El libro que menos prestaría de toda mi biblioteca. Creo que con él aprendí a escribir”
Los detectives salvajes
Roberto Bolaño

“La gran acogida de este libro en todo el mundo no acaba de verse reflejada en la prensa cultural española. Los detectives salvajes quedará como un libro sobre el poder literario descomunal de la poesía de la vida”
Exploradores del abismo
Enrique Vila-Matas

“Siempre el último libro es el que merece ser nombrado. El día en que uno comienza a cuestionarlo es cuando comienza a escribir el siguiente. Por primera vez he comenzado un nuevo libro sin cuestionar el anterior. Exploradores del abismo va camino de gustarme siempre”

De ABCD, 28/06/2008:
- http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/cultural/2008/06/28/022.html y
- http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/cultural/2008/06/28/023.html
 
 índice     autobiografía     imágenes     obra     traducciones     premios     textos     la vida de los otros     recomendaciones     eventos
www.enriquevilamatas.com