ENRIQUE VILA-MATAS LA VIDA DE LOS OTROS 
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Mujer de un pintor (A. Sander)


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EL VISITANTE


Andrea Valdés

CARTA IMAGINARIA A ENRIQUE VILA-MATAS
A PROPÓSITO DE UN SENTIMIENTO NECIO


ANDREA VALDÉS


Querido Enrique Vila-Matas:
El motivo de este post es algo extraño. Viene de un pequeño picor que siento justo aquí, debajo de la barbilla. Verá: usted y yo no nos conocemos pero sí conoce a Clara, una mujer alta de treinta y pocos años. A veces pienso que si son amigos es porque todo el mundo se empeña en que es rusa sin acabar de serlo, y supongo que esa clase de confusiones deben hacerle gracia. Sobre todo, siendo como es capaz de sacarse de la manga un concurso de dobles de Ernest Hemingway y liarla bien liada. Luego está mi hermana Carolina, exalumna de Fernando Valls. Le dibujó en Londres un abrazo vertical, aunque ella es más fan del “El mal de Montano”, pero bueno... No sé si recordará que hasta le envió un mail mencionándole cuan penoso fue su único viaje a Portugal. Y es que ahí donde algunos van a buscar inspiración, otros, como mi abuela Oliva, van a comprar toallas. Y ése es el Portugal que conoció mi hermana, el de las toallas que “absorben pero nos rascan”. Y por supuesto está su sobrino Luca, a quien tengo gran estima. Es un gran conversador aunque nunca sigo sus consejos porque sé que pueden llevarme directamente a la ruina. A veces me dice: Andrea, te falta tristeza –con una sonrisa especial. Siempre me anda provocando. Para que se haga a la idea: al poco de conocerme, me mordió en el brazo. ¡Qué bruto!

Yo leo –bueno leí- a Walser. Leí “Jakob Von Gunten” y dudo que vuelva a leer nada más de este autor. Es que me gustó demasiado. Ya, es una estupidez… Pero a veces pasan estas cosas y ¿por qué luchar contra ellas? También me sucedió con Heinrich Böll. Desde que leí “Opiniones de un payaso” decidí romper con él. Bueno, casi ni consigo acabarme su libro porque hay una escena entre un padre y un hijo que derrama café tan bonita, tan bonita… que por no estropear ese momento consideré si merecía la pena pasar la página y seguir leyendo. Al final, la curiosidad me obligó a tirar adelante. Además -pensé- en nombre de la belleza se han hechos tantas estupideces que ¿por qué iba a contribuir yo con otra? Opté por lo razonable. Me acabé el libro y no me arrepiento.

En fin, le escribo esta carta para decirle que no hace mucho, en El lamento de Portnoy, comentaba una serie de blogs que visitaba con cierta frecuencia… Y dos pertenecen a otras dos personas que conozco. Y yo no estaba. Y quiero estar porque sí, porque jo, porque ya vale ¿no? Ya, es un sentimiento necio, pero todo el mundo los tiene alguna vez. Así que le escribo para mostrarle mi indignación. No diría que es uno de mis escritores favoritos pero le respeto, y creo que es usted bastante necesario. Y ya que estamos… también quería expresarle mi decepción con respecto a “Bartleby y compañía”, pues resulta que de todos los personajes que dejaron de escribir, el que más me gusta, ni siquiera se molestó en nacer. Bueno sólo lo hizo en su cabeza. Se llama Clément Cadou y es probablemente uno de los muebles que hoy está en su ático de Travesera de Dalt. Y como sé que nunca me va a invitar a su casa para regalarme esos libritos que le sobran, y de paso comprobar que Cadou no es más que la mesa del comedor o la pica de su lavabo y así quedarme más tranquila, pues nada… decirle que me da rabia no estar en esa lista. Sí, me jode… y que se entere todo el mundo, ¡leches!

Andrea Valdés
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