ENRIQUE VILA-MATAS LA VIDA DE LOS OTROS 
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Pared de Nueva York (foto V-M)
Pared de Nueva York (foto V-M)



ESCRIBIR COLUMNAS

ANDRÉS IBÁÑEZ


Una columna es algo sólido que sostiene otra cosa. Estoy seguro de que muchos de los que escriben columnas están convencidos de que están construyendo algo. Uno pone columnas y columnas y columnas y acaba por tener una acrópolis entera, o uno de esos maravillosos puentes de autopista que cruzan un valle. Pero una columna en un periódico sólo parece una columna si sostenemos el periódico verticalmente frente a nosotros. Si lo colocamos sobre la mesa, horizontal, entonces vemos que la columna no es realmente una columna, sino una especie de canal. O una de esas líneas misteriosas que recorren la llanura de Nazca, en Perú. O una tumba. Sí, vista desde arriba, una columna parece un nicho rectangular. Una fosa abierta en la tierra. Una tumba. El escritor se sitúa a los pies de la tumba y la va cavando con sus propias manos, muy orgulloso y feliz, hasta que la tumba ya tiene la anchura y la profundidad adecuadas. Y entonces el escritor estampa su firma al pie de la columna, que es algo así como su certificado de defunción. Y luego pone un título, que es la lápida. Claro está que el escritor no sabía que estaba cavando una tumba. Se da cuenta demasiado tarde, cuando ha caído dentro, cuando la tierra le cubre completamente.

Demasiado odio. Escribir es siempre un poco así. Uno cree que está levantando algo cuando en realidad no hace otra cosa que cavar su tumba. Es un error de perspectiva lo que propicia la confusión. Uno cree que está de pie cuando en realidad está en decúbito supino. Uno cree que el mundo es real, y que uno está de pie, vivo, en medio de un mundo real. Pero no está en un mundo real, tridimensional, físico, sino en uno de dos dimensiones.

La idea de que cuando escribo esto estoy, en realidad, cavando mi tumba me desasosiega profundamente. Además, es una tumba que he cavado ya muchas veces, y que seguiré cavando semana tras semana. Si cavo una tumba cada semana, ¿qué soy yo, más que una especie de enterrador que trabaja de forma incesante en medio de un inmenso cementerio? Y en todas las tumbas que me rodean por todas partes estoy yo enterrado. Todos los muertos son el mismo muerto, todos tienen el mismo rostro, que va modificándose poco a poco con el paso de los años. A cada columna que escribes, me dicen, te ganas un enemigo. Me pregunto si lo contrario no será también cierto, y si no me ganaré también amigos por ahí, amigos desconocidos y mudos. Pero ¿cómo puede ser enemigo mío alguien que no sabe nada de mí, que no sabe cómo suena mi voz, alguien con quien jamás he hablado? En este país se odia demasiado.

Espejismo. Me pregunto a quién estaré ofendiendo al escribir esta columna. Me pregunto qué maravillosa oportunidad de mi vida estaré borrando para siempre en este momento, palabra por palabra. Quién estará decidiendo en este momento ir a por mí. Quién estará decidiendo cerrarme la puerta para siempre. Puertas de las que no había ni oído hablar, oportunidades que no había imaginado. Claro está que pierdo una oportunidad porque gano una oportunidad: la de escribir esta columna y poder disfrutar de un espacio en ABCD, lo cual es un honor. No diré que inmerecido, porque sería una grosería por mi parte suponer que ABC presta su espacio a quien no lo merece. Sí, supongo que en este mundo todo tiene un precio.

Uno piensa que cuando escribe lo que hace es construir una casa. Crear una isla. Una barca. Una góndola. La barquilla de un globo aerostático. Una nave espacial. Algo que acoge, que recibe, que avanza, que llega. Esto es lo que debería ser realmente escribir, y lo que sin duda será en otros lugares más reales que este lugar en el que vivimos. Pero como ya decía más arriba, el problema de escribir columnas, esta columna o cualquier otra, como el problema de tener cualquier actividad pública, literaria o de otro tipo, o quizá el de tener una actividad profesional cualquiera, pública o no pública, es precisamente la irrealidad que nos rodea, el hecho de que no estamos en un mundo real de tres dimensiones, sino en un país irreal, bidimensional, una mera ilusión, un espejismo.

Triste consuelo pensar que con dos dimensiones no hace falta cavar mucho para alojar el cadáver. Este nuevo cadáver. RIP.

Texto publicado en ABCD de las Letras el sábado 19 septiembre 2009.
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