ENRIQUE VILA-MATAS LA VIDA DE LOS OTROS 
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Pico
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Javier Avilés Viaplana, nació en Barcelona en 1962. Ha publicado algún relato en revistas digitales, como Narrativas y Hermano Cerdo, pero se dedica casi en exclusiva a desenmascarar “El Plan” denunciando la sinuosa relación entre Realidad y Ficción escribiendo en el blog, con título robado a Philip Roth, El lamento de Portnoy.



DE LA PERIFERIA AL BORDE DEL ABISMO

JAVIER AVILÉS VIAPLANA


Cuando me propusieron participar en este “dossier Vila-Matas”, me dijeron que, si fuera posible, les gustaría, copio literalmente, “referir el viaje de la obra de Vila-Matas desde los bordes iniciales del sistema narrativo español al centro actual del mismo”. Por una de esas extrañas relaciones que establecemos, consciente o inconscientemente, entre conceptos en apariencia no conectados, cuando leí la nota pensé en la carrera de la reina roja de A través del espejo, de Lewis Carroll:

Lo que es aquí, como ves, hace falta correr todo cuanto una pueda para permanecer en el mismo sitio. Si se quiere llegar a otra parte hay que correr por lo menos dos veces más rápido”. (1)

Un lector de Vila-Matas que se precie quizás se hubiese decantado por la inmortal frase del Principe de Salina, según lo cuenta Lampedusa en El Gatopardo: “Algo debe cambiar para que todo siga igual”.

La relación surge de la lectura de la última obra de Enrique Vila-Matas, Exploradores del abismo, una serie de relatos en la que, partiendo de la premisa que se impone el autor de escribir “como si fuese otro”, reescribe algunos textos aparecidos en otra recopilación de relatos, Nunca voy al cine, publicados por la editorial Laertes en 1982. A lo largo de los veinticinco años que separan ambas obras el panorama narrativo español nos quieren hacer creer que se ha corrido mucho. La narrativa realista sintomática de nuestra “modernidad” ha sido manipulada coincidiendo con el auge de la Editorial como negocio, como empresas preocupadas por los resultados económicos, y finalmente desplazada por la obra construida específicamente para ser vendida masivamente.
Sin embargo, como en una historia de Faulkner, algunos perseveraron. Muchos otros, sí. Vila-Matas, por supuesto.

En la década de los ochenta del siglo XX empezaron a despuntar, junto a Vila-Matas que en 1979 había publicado La asesina ilustrada, una serie de autores que tomarían el relevo de los consagrados Miguel Delibes, Gonzalo Torrente Ballester, Camilo José Cela, Francisco Umbral, Juan Benet, Manuel Vázquez Montalbán, Juan Marse o Juan García Hortelano entre otros. Podemos recordar sobre todo a Antonio Muñoz Molina, Javier Marías, pero también a Soledad Puértolas, Julio Llamazares, Juan José Millás, Rosa Montero, Almudena Grandes, Manuel Vicent, Cristina Fernández Cubas o Adelaida García Morales entre otros. Sin embargo, como reza el lema de este artículo, a Vila-Matas habría que incluirlo en principio en la periferia del sistema narrativo español. Recordemos que La asesina ilustrada fue escrito en París, lejos pues del panorama editorial español tantas veces comparado con un campo de batalla en el que priman intereses económicos antes que literarios.

Aunque no es bueno ni conveniente generalizar, si buscáramos un rasgo común a la generación de escritores que despuntaron a partir de la década de los ochenta, deberíamos hablar de cierto realismo contemporáneo que, en gran medida, renuncia a todo tipo de experimentación literaria. Quizás, la buena acogida que entre el público tuvo esta nueva generación de escritores, que ya no estaba supeditada ni creativa ni editorialmente a las exigencias de la censura de la dictadura franquista, les hizo adormecerse, ser condescendientes con el éxito y olvidarse de la experimentación literaria, que supone en esencia el motor de toda nueva corriente. En general, esta generación resucita el espíritu de Benito Pérez Galdós, que plasmó en su obra la sociedad española del siglo XIX y de principios del XX sin que en su ingente producción literaria se desprecie la experimentación. Y que conste que coincido plenamente con Sergio Pitol cuando reconoce a Galdós como su maestro y dice de él que en su obra “descubrí que (...) la cotidianidad y el delirio, lo trágico y lo grotesco no tienen por qué ser caras diferentes de una moneda, sino que logran integrar en plenitud una misma entidad(2) Galdós es un artista de su época y sabe adecuar su narrativa a ésta. Los nuevos narradores de los ochenta repiten esquemas innovadores a principio de siglo pensando que la descripción de la realidad de finales del siglo XX es suficiente para renovar el realismo galdosiano. No basta con introducir aparatos de aire acondicionado o microondas en los relatos, la narración moderna debe ser otra cosa. Hay que, como dice Pitol, “integrar en plenitud” elementos discordantes.

Si esa recuperación del Realismo es el rasgo común de la mayoría de escritores contemporáneos de Vila-Matas, un Realismo en muchas ocasiones rancio y caduco, explicaría también que muchos de ellos en la actualidad se dediquen al género periodístico. Es cierto que también Vila-Matas escribe semanalmente artículos de prensa, pero mientras que él ciñe sus temas a lo literario, muchos de los citados con anterioridad lo hacen a denunciar o describir, de forma más o menos literaria, la “realidad” (así, entre comillas, como aconsejaba Nabokov)... y no hay conceptos más opuestos, aunque algunos se empeñen en no entenderlo todavía, que “realidad” y literatura.

Sigo con Alicia en la cabeza, o, en la versión culta, con el Principe de Salina. No puedo desprenderme de la ilustración de Tenniel en la que se ve corriendo a Alicia junto a la Reina Roja mientras el bosque queda difuminado. Todo tuvo que cambiar para que todo siguiese igual: La narrativa española de finales del siglo XX renunció a la experimentación literaria y se refugió en el cómodo y solvente Realismo decimonónico, abandonando los caminos que abrieron Cela, Benet, Ballester, Ferlosio y algunos otros, gracias al apoyo de los grupos editoriales,  a cambio de premios, prebendas y cargos oficiales.
Salvo excepciones.
Y una de ellas, claro, es Enrique Vila-Matas.
No se trata tanto de que la obra de Vila-Matas haya pasado de la periferia a ser un referente del panorama narrativo español, es casi una cuestión de mantenerse fiel a una idea literaria. Lo que algunos podrían haber calificado como un simpático juego metaliterario, ha acabado constituyendo una seña de identidad que caracteriza no solo la obra de Vila-Matas, sino, casi, nuestro tiempo.

Recordemos que en una de sus primeras obras, La asesina ilustrada, se anuncia la muerte del lector. El asesinato del lector, más bien. El texto mortal de Elena Villena pone al lector vilamatiano frente a una paradoja de la que, literalmente, depende su vida: No se puede sobrevivir a la lectura de ese texto.
A partir de ese momento toda la obra de Vila-Matas gira en torno a la oposición-complementación de la “realidad” y la ficción, de la vida y de la literatura. La narración en primera persona de la mayoría de sus novelas inducen, sin que se sepa demasiado bien por qué se produce esa ilación, a identificar a narradores con el autor. No importa si los personajes son mancos, jorobados, autistas o el propio autor (¿o debería decir “un tal Vila-Matas?): La identificación se produce, creando nuevas paradojas, literarias y “reales”
El objeto de la literatura de Vila-Matas es la propia literatura y cómo enfrentarse a ella. Enfrentarse en el sentido de que se debe adecuar nuestra vida de forma que la literatura no se apropie de ella, pero dejando que la mayor, y mejor, parte de la vida sea comparable con la literatura. No se trata de romper la frontera, el muro, que separa la realidad de la ficción, se trata de diluirlo, de sumergir la realidad en la literatura. O al contrario. Y Enrique Vila-Matas lleva en ese intento más de treinta años. Como un tirador solitario.

En una entrevista concedida a la revista Babab en enero de 2001, Vila-Matas aseguraba que “El canon español forma parte de las mafias literarias instaladas hace años (...)A veces las mafias se defienden diciendo que se convierten en mafia porque todos son muy buenos escritores y necesitan salir a flote, es una gran respuesta, mafiosa por otra parte” (3)
Mientras la gran mayoría de narradores españoles se acomodaban en el Realismo, Vila-Matas siguió constante a una forma muy personal de narrar que, siendo exagerados, le ha llevado a inventar la literatura del siglo XIX. Y lo hace paradójicamente, pretendiendo no narrar, reduciendo aparentemente el campo de la narración a la propia literatura, lo cual no hace  sino ampliar el campo y confundir los límites de la narrativa. Como confiesa el autor el siempre ha pretendido escribir “narraciones autobiograficas que son como ensayos y ensayos que son como narraciones”

Pero volvamos a la carrera de la Reina Roja.

Desde el año 1982, año en que se publicaba la colección de relatos Nunca voy a cine, hasta nuestros días, las cosas habrían debido cambiar, pero, en gran medida, todo parece seguir igual. El cambio es mucho más apreciable cuando en su último libro de relatos, Vila-Matas reescribe textos que habían aparecido en Nunca voy al cine, para, como dice en Cafe Kubista, relato prólogo de Exploradores del abismo: “Estoy seguro de que no habría podido escribir todos estos relatos si previamente, hace un año, no me hubiera transformado en alguien levemente distinto, no me hubiera convertido en otro.” (4)

Desde esa otredad debe entenderse el proceso de reescritura de algunos relatos. Como el autor confiesa en los comentarios suscitados en torno a una reseña sobre Nunca voy al cine que escribí en el blog El lamento de Portnoy:

(E. Vila-Matas): Hay -como mínimo, no recuerdo ya bien- en "Nunca voy al cine" dos relatos a los que volví en "Exploradores del abismo", en parte para comprobar cómo se convertían en otra cosa distinta. De uno de ellos copié (me copié) el arranque -es el que corresponde a "Así son los autistas"-, y del otro me quedé con toda la historia del cuento, la muerte anunciada: "El día señalado". Por supuesto, están relacionados los dos de "Exploradores" con los dos de "Nunca voy al cine", aunque no se parecen mucho. Hay un abismo fenomenal de tiempo y de experiencia en todos los sentidos entre unos y otros. Contemplar ese abismo forma parte de lo que me interesaba ver cuando decidí ir a las fuentes de "Nunca voy al cine" (5)

Si observamos el panorama narrativo español, salvo contadas excepciones, todo parece seguir igual que en 1982. Enrique Vila-Matas vuelve a las narraciones de hace veinticinco años para reconstruirlos y originar nuevas experiencias literarias. Luego no todo sigue igual, ha habido un cambio notable desde la publicación de Nunca voy al cine, al menos en el universo literario de Vila-Matas. Todo ha cambiado para que todo siga igual. Y en ese cambio, la periferia se ha desplazado al centro, o el centro se ha vuelto periferia. O, quizás, por no habernos movido, nos hemos desplazado tanto hasta el borde de la fotografía que ahora tenemos a nuestros pies el abismo.

Debemos explorarlo.

En Exploradores del abismo, la colección de relatos que es hasta el momento la última obra publicada del autor, Vila-Matas vuelve a sus temas recurrentes, la dilución del autor, la reflexión sobre el hecho de narrar, los comportamientos absurdos, entre ingenuos y kafkianos, de sus personajes, casi siempre narradores en primera persona, la desesperanza irónica con que impregna sus textos, el deseo de desaparecer sublimado en impulsos suicidas y, sobre todo, la confusión entre literatura y vida.

La confusión se inicia con la inclusión de un relato, Café Kubista, a modo de falso prólogo y culminará en Porque ella no lo pidió, con la  aparición del propio autor como personaje que narra una ficción.

El título de la recopilación parte de una cita falsa-errónea de Kafka. Donde el narrador de Café Kubista pensaba que hablaba de explorar, la cita de Kafka hablaba de precipitarse en el vacío:

Cuanto más marchan los hombres, tanto más se alejan de la meta. Gastan sus fuerzas en vano. Piensan que andan, pero sólo se precipitan, sin avanzar, en el vacío. Eso es todo

(Piensan que andan y se precipitan sin avanzar... la sombra de la reina roja siempre al acecho)

Pero hay referencias anteriores en la narrativa de Vila-Matas a los exploradores del abismo. Valgan estas dos citas de, respectivamente Bartleby y cía y Doctor Pasavento, la primera sospechosamente parecida a la que se cita como obra de Kafka:

Vivo como un explorador. Cuanto más avanzo en la búsqueda del centro del laberinto, más me alejo de él. (...) Soy como un explorador que avanza hacia el vacío. Eso es todo. (6)

Sabemos que si damos un paso más allá, desapareceremos. Y nos planteamos darlo, pues pensamos que es lo mejor, recordamos que ya ese paso lo dieron otros antes, y esos otros fueron nuestros exploradores favoritos, los que admirábamos tanto cuando les veíamos difuminarse en las tenaces sombras del vacío. (7)

La verdad es que cuando me propusieron escribir este artículo, prometí mantenerme alejado del copy-paste y no caer en la tentación de recurrir a lo que escribí en su momento en El lamento de Portnoy. Entiendo que a los lectores de Quimera es bastante probable que no les interese demasiado la conexión entre una invasión alienígena que se inicia en Sitges, Barcelona, con los relatos de Vila-Matas, aunque podría ampararme en el hecho de que algún relato de Exploradores podría ser considerado de ciencia-ficción, como Amé a Bo. Pero hablar de la obra de Vila-Matas es enredarse en líos literarios que uno no esperaba. Prescindo de desembarcos extraterrestres pero me encuentro a la Reina Roja lanzando redes que unen a Kafka con Vila-Matas.

Sostengo la creencia de que el orden cronológico de los relatos de Exploradores del abismo es inverso a su inclusión en el libro. La cita de Handke apuntando el bolígrafo “hacia un sitio en el que no había nada” que cierra los textos se opone al relato-prólogo Café Kubista en la que se explica el motivo del título y la motivación de los textos escritos desde esa otredad mencionada. Si al final se habla de la nada preexistente, el vacío anterior al texto, al principio se reflexiona sobre la obra completa. Entre estos dos límites invertidos, si es que nos empeñamos en buscar una lógica al tiempo, el resto de los relatos, unidos muchos de ellos por una sutil hilo narrativo, una nueva trampa vilamatiana, un juego en el borde del abismo.

En Materia oscura, uno de los relatos, los personajes, personas normales con “apego a la existencia normal” contemplan a través de un documental de televisión las hazañas de un funambulista aunque no es mencionado por su nombre. Por lo que se puede entrever se trata de Philippe Petit, quien el 7 de agosto de 1974 atravesó el espacio que separaba los tejados de las Torres Gemelas. El vacío que delimitaban las grandes torres del World Trade Center sigue estando allí y es un abismo al que ya no es posible asomarse, es indetectable como la materia oscura que da título al relato. Sin embargo Vila –Matas introduce algunos cambios: El paseo entre las dos torres gemelas se realiza en 1994, y la sombra de Petit se convierte en Maurice Forest-Meyer.
Hay que destacar que el nombre del personaje sea silábica y musicalmente similar al de Enrique Vila-Matas: Maurice Forest-Meyer.

Su pareja, Delia Dumarchey, es también singular: Camina ayudada de un bastón debido a su cojera y tiene un ojo de cristal... Delia “de mirada siempre única y turbadora” (Su similitud física con Wotan, dios de la mitología escandinava, puede ser mera coincidencia, aunque me extraña)

En varios relatos de Exploradores del abismo aparecen directa o indirectamente estos personajes que otorgan a los textos una especie de unidad subterránea:

Niño: El hijo del narrador se enrola en la trouppe de Forest-Meyer para fotografiar el vacío.
Así son los autistas: Está narrado por el hermano autista de Forest-Meyer, Luc
Materia Oscura: En un documental por televisión.
Fuera de aquí: Narrado por el propio Maurice Forest-Meyer según el relato oral que su abuelo, también llamado Maurice
El día señalado: Se relata una historia que le sucede a Isabelle Dumarchey, hermana de Delia y que aparece fugazmente en La gloria solitaria
Amé a Bo: Se menciona de pasada que en Nueva York asesinaron a Billy Forest-Meyer
Porque ella no lo pidió: Maurice Forest-Meyer es uno de los artistas a los que Sophie Calle propone su plan.
La gloria solitaria: Donde Forest-Meyer compra una roulotte negra, idéntica a la de Raymond Roussel, de donde, en Delft, el narrador ve descender a Delia Dumarchey y su hija.

Pero el centro alrededor del que se estructura Exploradores del abismo es Porque ella no lo pidió, un extraordinario relato donde el autor “da un paso más” y “asoma su mirada a otros espacios”. En él, Vila-Matas retuerce la metanarratividad, esa palabra que tan poco le gusta, llevándonos ante un abismo ante el cual no nos queda más remedio que aceptar que no hay posibilidad de distinguir la realidad de la ficción, que toda ficción es real y toda realidad ficcionada es una nueva realidad... y que la vida no tiene nada que ver con la literatura ni con la realidad. El relato, la nouvelle, Porque ella no lo pidió es sin duda una obra maestra, y el ejercicio literario que se desarrolla, sin duda, merece un calificativo propio y personal.

Y es eso lo que distingue la obra de Vila-Matas de la del resto de sus contemporáneos, la necesidad de encontrar o de inventar calificativos que la definan. En treinta años la constancia literaria de Vila-Matas le ha llevado de la periferia al centro mismo de la vanguardia narrativa. Y lo ha hecho de una forma tan contundente que estoy convencido que el término “vilamatiano” acabará imponiéndose.

Notas:
(1) Carroll, Lewis;  A través del espejo. Traducción Jaime de Ojeda.
(2) Pitol, Sergio; El arte de la fuga; Escritura, ¿Un Ars Poetica?
(3) Babab, enero de 2001: Enrique Vila-Matas: "El canon literario español está dictado
     por las mafias"
por Armando G. Tejeda. 
(4) Café Kubista, Exploradores del abismo, E. Vila-Matas.
(5) El lamento de Portnoy: Nunca voy al cine
(6) Vila-Matas, Enrique; Bartleby y cía. Ed. Anagrama.
(7) Vila-Matas, Enrique; Doctor Pasavento. Ed. Anagrama.

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