ENRIQUE VILA-MATAS LA VIDA DE LOS OTROS 
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Foto de E V-M
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ENRIQUE VILA-MATAS, UN EXCÉNTRICO EN EL CENTRO

DIÓMEDES CORDERO


Quizás como lectores de los cuentos y novelas, artículos y ensayos de Enrique Vila-Matas podríamos convenir, además del carácter adictivo de su prosa, en la causa posible de nuestra afición desmedida: la rareza de sus historias y el tipo de artificio con el que ha venido construyendo su obra narrativa desde Mujer en el espejo contemplando el paisaje (1973) hasta Exploradores del Abismo (2007). Raro, extraño, excéntrico, portátil, irónico, extravagante, lúdico, imaginativo, inteligente, ligero, ambiguo, extranjero, original, inquietante, divertido, impostor, son algunos de los calificativos con los que la crítica en España y Latinoamérica, en la última década, lo ha definido y valorado como autor de una escritura narrativa que borra las diferencias entre la ficción y la realidad, la literatura y la vida.

Paradójicamente, Vila-Matas, quien en la actualidad es apreciado y reconocido por los críticos y lectores como uno de los narradores más singulares y geniales en lengua española, traducido a más de treinta idiomas extranjeros, no termina de tener una colocación indiscutible en el canon de la narrativa en España. Tal vez habría que tratar de desentrañar la leyenda de los dos Vila-Matas: el escritor supuestamente realista de sus primeros libros y el experimental que data de Historia abreviada de la literatura portátil (1985), para comprender la desacertada valoración nacional de su obra: la mitificación del sector llamado metaliterario de su producción narrativa y la negación institucional del lugar que le correspondería en el sistema narrativo español.

Y tal vez, nada mejor que indagar en  la edición y recepción de Historia abreviada de la literatura portátil,una de las posiblesrazones que pudiera explicar el desacierto inicial de la crítica española frente a la condición del arte narrativo vilamatiano y el principio del malentendido en torno a su valor por parte de la institucionalidad literaria. Sergio Pitol, el maestro y generoso escritor mexicano, ha señalado que es en este libro donde se siente por primera vez la fuerte presencia de la escritura de Vila-Matas y en el que se origina el juego de las atribuciones de palabras y frases entre autores, escritores y artistas de diferentes especies y tiempos; es decir, donde por primera vez aparece en funcionamiento la máquina de narrar de los shandys: el sistema de desvíos, citas, hallazgos, fragmentos, falsedades, dislates, con el que Vila-Matas lee y traduce, intelectual y narrativamente, las  tradiciones literarias propias y extrañas; método y estilo que ya son su identidad misma: cuando lo leemos no sabemos si lo que nos cuenta pertenece a la ficción o a la realidad, si lo ha imaginado o lo ha vivido. Pareciera que había nacido elescritor excéntrico, doblemente excéntrico: extraño por la manera de narrar y de relacionarse con la literatura y la vida, y descolocado, en las orillas del realismo dominante: indigerible para los críticos y los representantes del sistema literario español establecido.

No es de extrañar entonces que Historia abreviada de la literatura portátil tuviese apenas unas seis  recepciones críticas, pero por esa extraña vida que contienen los artefactos, el libro se convirtió, cual célula radiactiva, lenta pero sostenidamente, en un objeto de culto entre escritores, primero, y, lectores, después.

Lo demás es historia conocida: la valoración y crítica tempranas, en los inicios de los años noventa, en México, y crecientes en Venezuela (XII Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, 2001, por El viaje Vertical), Colombia, Perú, Argentina y Chile; y el reconocimiento de críticos y lectores en España, sobretodo, a partir de Bartleby y compañía (2000), El mal de Montano (2002), Doctor Pasavento (2005) y Exploradores del abismo (2007).

Si la excentricidad, según una de sus acepciones, dibuja el trayecto desde el centro a la periferia, o viceversa, de un círculo o una elipse, entonces, Vila-Matas desde sus inicios siempre ha estado colocado en el centro excéntrico de su sistema literario, y sólo se ha movido hacia el centro de su misma excentricidad: la máquina insaciable y manipuladora de su arte narrativo de leer y escribir la literatura y la vida, la vida y la literatura.
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