ENRIQUE VILA-MATAS LA VIDA DE LOS OTROS 
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VIDAS POCO ILUSTRES

MERCEDES MONMANY


Este delicioso y singular libro, que encierra todo un brillantísimo universo del reverso, de lo nunca, o casi apenas, existido, podría encarnar perfectamente uno de los encuentros más felices de la literatura. Este diálogo se produce en determinado momento entre un escritor español, Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) y un escritor francés, Jean-Yves Jouannais (Montluçon, 1964). Los dos, en algún momento, se dedicaron a recopilar obras y artistas que dijeron no, bien a mitad de camino, o sin ni siquiera llegar a empezar. Enrique Vila-Matas publicaría dos célebres y geniales libros “de culto” sobre este arte de la fuga, Historia abreviada de la literatura portátil (1985), donde recreaba una sociedad secreta formada por los shandys, y Bartleby y compañía (2000), su continuación o ampliación en el tiempo, en torno a “los que no escriben”. Por su parte, su colega especialista en lo no dicho o apenas esbozado, Jouannais, escribiría un ensayo en 1997, no menos deslumbrante y lleno de ironía e ingenio, titulado Artistas sin obra (“I would prefer not to”).

Crítico de arte y durante una década redactor jefe de Art press, autor de ensayos como L’idiotie (2003) y L’usage des ruines (2012), además de la novela Jesús Hermès Congrès (2001), Jean-Yves Jouannais, con una escritura especialmente dotada para lo literario-metafísico y lo jocoso, tendría la maravillosa intuición poética de dedicarle una pequeña historia a esos actos de rebeldía en el campo del arte. Gestos radicales en contra de las tiranías de los cánones, de las enciclopedias soporíferas o de las crónicas rutinarias en torno a personajes y movimientos estéticos. Como el gran Alberto Savinio hizo en su día, Jouannais igualmente decidió redactar su propia enciclopedia de lo escasamente reseñable.

Su proyecto era reunir “sueños, sistemas de pensamiento, intuiciones, inteligencias, frases”, resistentes a ser incluidas en la historia oficial. Obras  inexistentes, de “ínfima densidad” o bien de”inhumanas exigencias”, escapadas tanto a la escritura y al mercado, como a “serviles proyectos encaminados a planear  una estrategia para producir o para obtener reconocimiento y publicidad”. Anarquistas e hipercríticos con el arte de su época, estos artistas sin obra dejarían una larga sucesión de libros rechazados por editores, obras abortadas antes de ver la luz, borradores, esbozos, o sino manuales para descifrar las mentiras de la propaganda comunista durante la Guerra Fría. Por increíble que pueda parecer para la historiografía posterior, estos creadores que optaron por la no creación absoluta o menguada, muchas veces permanecieron en la sombra “sin dejar de ejercer una influencia fundamental en su época”. Su hartazgo, mezcla de humildad, terquedad e insolencia, se resumiría, como dicen tanto Vila-Matas como Jouannais, en la frase “prefería no hacerlo”.

En el ensayo de Jouannais, que no tiene desperdicio en ninguna de sus páginas, lo mismo que el espléndido prólogo de Enrique Vila-Matas, que ya apareció en la edición francesa, confluyen un gran número de casos estrambóticos y sorprendentes. Nos movemos en un reino de fantasmales espectros, casi salidos de la pluma de Borges, fuera de toda regla, salvo las que ellos inventaban sobre la marcha para desaparecer y ser invisibles. Ahí estará desde el gesto estudiado del dandy, los situacionistas, las novelas-haikus de tres líneas y obras puramente “mentales”, jamás llevadas a cabo. También nos encontramos con copistas de renglones ya escritos, a lo Bouvard y Pécuchet; con el silencio aristocrático de Marcel Duchamp y sus ready-made; con las escasas cartas que el joven prematuramente desaparecido Jacques Vaché le envió a Breton, convirtiéndose en una inspiración obsesiva, en un alter ego para el resto de su vida; con las múltiples huellas dejadas por Dadá, aquí y allá, antes de inventarse el dadaísmo, o con las conferencias-espectáculo organizadas por Arthur Cravan, sobrino de Oscar Wilde.

Entre medias, el lector accede a un exquisito retrato, no menos sutil, incluido como posible en toda la larga lista de no-creadores. Una fantástica historia o novela concentrada, surgida de la propia imaginación de Jouannais, que la introduce con la total seriedad del experto biógrafo de vidas robadas a la literatura y sus alrededores. Ese sería el caso de Félicien Marboeuf que, al decir de Jouannais, Flaubert  utilizaría de inspiración, nada más ni nada menos, que del Frédéric Moreau de La educación sentimental. También a Proust, según afirma Jouannais, le llegaría la fama de ese héroe que había tirado la toalla antes de empezar a publicar, a causa de “su concepción tan idealizada de la literatura”. El joven Proust saludaría con admiración a esa eterna y “bella promesa” en una carta, lamentando que “la página se ha acostumbrado a que usted calle ante ella”.


(Artistas sin obra (“I would prefer not to”), Jean-Yves Jouannais. Prólogo de Enrique Vila-Matas. Acantilado, 2014. Traducción de Carlos Ollo Razquin. 155 páginas)

*texto publicado el 15 febrero 2014 en ABC Cultural.

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