ENRIQUE VILA-MATAS LA VIDA DE LOS OTROS 
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Mauricio Montiel Figueiras, Paula de Parma, Enrique Vila-Matas y Alejandro García Abreu en el Hotel Hilton Guadalajara, después de la entrega del Premio FIL de Literatura
en Lenguas Romances
Mauricio Montiel Figueiras, Paula de Parma, Enrique Vila-Matas y Alejandro García Abreu
en el Hotel Hilton Guadalajara, después de
la entrega del Premio FIL de Literatura
en Lenguas Romances





Mauricio Montiel Figueiras, Enrique Vila-Matas y Alejandro García Abreu en la presentación de Marienbad eléctrico en la Feria Internacional
del Libro de Guadalajara 2015
Mauricio Montiel Figueiras, Enrique Vila-Matas y Alejandro García Abreu en la presentación de Marienbad eléctrico en la Feria Internacional
del Libro de Guadalajara 2015





Cartel de la presentación de Marienbad eléctrico
en la Feria Internacional del Libro de
Guadalajara 2015
Cartel de la presentación de Marienbad eléctrico
en la FIL de Guadalajara 2015





Ilustración de Anuska Allepuz incluida en El día señalado
Ilustración de Anuska Allepuz incluida en
El día señalado






Splendide Hotel, 2014. Fotografía de Dominique Gonzalez-Foerster incluida en Marienbad eléctrico
Splendide Hotel, 2014. Fotografía de Dominique Gonzalez-Foerster incluida en Marienbad eléctrico











Los Suicidas. Revista literaria editada por Alejandro García Abreu.
Los Suicidas
Revista literaria editada por
Alejandro García Abreu





SABOTEAR LA REALIDAD DESDE ADENTRO.
ENTREVISTA CON ENRIQUE VILA-MATAS


ALEJANDRO GARCÍA ABREU

A partir de Marienbad eléctrico , y con referencias puntuales al conjunto de su obra, Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) indaga —en esta entrevista con Alejandro García Abreu (ciudad de México, 1984)— en los vasos comunicantes entre la literatura y las artes —la instalación, el dibujo—; los considera como espacios de la experiencia estética, donde confluyen momentos precisos que celebran a su vez “el hecho de estar vivo” con el principio esencial de Montaigne: “No hago nada sin alegría”.

Et le Splendide Hôtel fut bâti dans le chaos de glaces et de nuit du pôle.

—Arthur Rimbaud, “Après le Déluge”


Alejandro García Abreu: Marienbad eléctrico surgió de un encargo que Dominique Bourgois te hizo para la casa Christian Bourgois editeur, con motivo de la exposición Dominique Gonzalez-Foerster, 1887-2058, retrospectiva exhibida en el Centre Pompidou en París. Partiste de “Rimbaud exposé”, texto publicado en las revistas Artpress y en Carta, la publicación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Enrique Vila-Matas: El secreto está en que fue un encargo de Dominique Bourgois. Quizás por mi cuenta no habría hecho este tipo de libro. A veces conviene que alguien te diga “haz esto”. Fue en realidad bastante complicado. Escribí sobre mi relación con Dominique Gonzalez-Foerster, sobre la amistad y el intercambio que tenemos periódicamente. No había pensado en hacer un libro sobre esto. De hecho, el encargo era un libro más breve. A pesar de que el libro estaba pensado para la retrospectiva parisina de Gonzalez-Foerster, pensé en rescatar “Rimbaud exposé” y trabajar a partir de ahí. Me di cuenta de que una forma de darle un tono narrativo a la historia de nuestra amistad era hablar de los equívocos, de los malentendidos. Creo que es el motor de la historia que narro. Siempre pienso que colaboro en la obra de Gonzalez-Foerster y luego me doy cuenta de que no. Pero ese divertido equívoco –en el fondo, un tanto inventado para poder construir una leve trama en el libro- me sirve para repasar una serie de cosas que no habría quizás nunca pensado de no haber existido el encargo.

AGA: Otra de tus reflexiones alrededor del poeta de Charleville está en “La calle Rimbaud”, texto originalmente publicado en El traje de los domingos que recuerdas en Marienbad eléctrico. Evocas el Paseo de Sant Joan en Barcelona, el “camino que más veces he hecho en la vida”, “la cartografía del paraíso”.

EVM: Claro. Lo recuerdas bien. El poeta francés está presente. En alusión a Rimbaud planteé: “Me acuerdo de ‘La calle Rimbaud’, el texto que escribiera hace años acerca de mi infancia y que me parece tan ajustado a la verdad que me ha impedido escribir algo más alguna vez acerca de mis primeros años”. Posteriormente escribí: “Avanzar por el desierto de la vida ha servido para constatar que al final apenas queda nada en pie de nuestro mundo, del decorado que nos fue propio, de nuestra entrañable calle Rimbaud, allí donde estaba todo nuestro mundo, y ahora simplemente no está. Nada, apenas nada queda”.

AGA: En “Seis habitaciones para Enrique Vila-Matas” Gonzalez-Foerster afirmó: “Por supuesto que me encantan los libros, siempre han sido material esencial de construcción en mi trabajo, y toda exposición que hago podría reducirse a diez o veinte títulos. Al mismo tiempo soy una especie de escritora fracasada, y por mucho que me encantan los libros hay una tensión: siempre ha sido un misterio para mí cómo se escribe la ficción, cómo empezar, qué escribir”.

EVM: Es una gran lectora. Guarda una estrecha relación con los libros. En “Seis habitaciones para Enrique Vila-Matas” —texto que tú tradujiste— ella habla sobre las instalaciones de sus alfombras de lectura, los Tapis de lecture. Recuerdo también la configuración del Splendide Hotel —proyecto que acogió el Palacio de Cristal del Parque del Retiro en Madrid durante la primavera y el verano de 2014—: diez percheros, treinta y una mecedoras Thonet, treinta y un libros encuadernados y atados a las mecedoras.

AGA: “No tardé nada en decirme que allí había una novela”, escribiste sobre Splendide Hotel en Marienbad eléctrico.

EVM: En efecto. Todo lo que hace Dominique Gonzalez-Foerster siempre está conectado con la literatura.

AGA: Otro aspecto de la relación de tu obra con las artes plásticas es el acercamiento a Anuska Allepuz, quien ilustró tus libros Niña —un cuento para niños— y El día señalado —relato publicado originalmente en Exploradores del abismo.

EVM: La he conocido hasta hace muy poco. Anuska Allepuz es una buena ilustradora. La combinación de dibujo y texto en Niña y en El día señalado funciona muy bien.

AGA: En el inicio de Kassel no invita a la lógica escribiste: “Tal vez allí diera con otras ideas de las habituales y quizás pudiera llegar a alcanzar, si tenía la paciencia del merodeador, una visión aproximada de la situación del arte contemporáneo a principios del siglo XXI”. Pienso en tus cavilaciones acerca del arte y reflexiono de nuevo sobre el final del libro, cuya intensidad hemos comentado.

EVM: Me esmeré mucho en el final. Ojalá en todos los libros pusiera la intensidad que puse en ése. Es un libro de mucha tensión y el final está calculadísimo. Una de las frases que has aludido es: “El arte era, en efecto, algo que me estaba sucediendo, ocurriendo en aquel mismo momento”. Es como si todo el libro condujera a esta frase. Es un final abierto que celebra el hecho de estar vivo. En definitiva lo deberíamos celebrar todos. Está relacionado con la idea de alegría de Montaigne: “No hago nada sin alegría”.

AGA: Esa celebración de la vida inició después del colapso relatado en Exploradores del abismo. En Porque ella no lo pidió, texto protagonizado por Sophie Calle, te hospedas en el Hotel de Suède, en la rue Vaneau de París, recinto en el que te encuentras con la artista. Después, en un viaje a Buenos Aires, conviertes al hotel en escenario de la enfermedad. Allí procuras encubrir, con literatura al estilo del Viaje alrededor de mi cuarto, un secreto íntimo: que te fatigabas hasta cuando caminabas por los pasillos de un hotel de la Recoleta. Aunque en ese momento aún no sabías lo peor: padecías “una insuficiencia renal severa” y estabas “viajando hacia un estado de coma irreversible” que te llevó a ser hospitalizado en Vall d’Hebron en Barcelona. ¿Cómo percibes el cambio generado por esa experiencia crítica?

EVM: Sí. Inició después del colapso. Percibo el cambio con más claridad, quizá porque ya hay una perspectiva de casi diez años. El periodo actual ha sido más reflexivo, mientras que en el anterior no me preguntaba demasiado lo que hacía. Esto lo digo por primera vez. Es una pregunta que necesitaba contestar. No digo que una etapa sea mejor que la otra, sólo son distintas. La actual tiene más misterio porque me pregunto y encuentro, mientras que la anterior era un camino casi sin freno. Por ejemplo, la gracia de Doctor Pasavento es que contiene páginas y páginas en las que no existe un desvarío. Hay un exceso. El exceso también es muy interesante. Y ahora quizá corrijo más, pienso más, con sus inconvenientes y al mismo tiempo con las ventajas que tiene la aventura en la que encuentro las cosas a medida que avanzo. Antes no encontraba, sólo avanzaba. Efectivamente, las etapas están separadas por el colapso, que coincide con Sophie Calle.

AGA: ¿Qué piensas actualmente sobre el ciclo Bartleby-Montano-Pasavento, denominado La Catedral Metaliteraria por Jorge Herralde?

EVM: Pienso que es un ciclo muy potente. Ahora entiendo porqué resultó sugestivo. Me extrañaba que pudiera interesar porque es muy personal. Pensaba que sólo lo entendía yo. Me parecía raro que conectara siendo tan extraño. El título, La Catedral Metaliteraria, lo puso Herralde en una rueda de prensa. Me gustó mucho. El apelativo se quedó después de que yo lo mencionara en algunas entrevistas. Pero podría añadirse al ciclo París no se acaba nunca, libro de la misma etapa.

AGA: En Figuraciones del yo en la narrativa José María Pozuelo Yvancos planteó una tetralogía compuesta por Bartleby y compañía, El mal de Montano, París no se acaba nunca y Doctor Pasavento.

EVM: París no se acaba nunca aporta a los lectores datos distintos. Bartleby y compañía, El mal de Montano y Doctor Pasavento son textos autobiográficos  falsos, mientras que París no se acaba nunca se acerca más a un tono autobiográfico real. En el ciclo denominado por Herralde como La Catedral Metaliteraria no hay noticias reales de mí. Siempre hago ficción. Algunas personas creen que en Kassel no invita a la lógica he contado el viaje que hice a la Documenta. Y no. Fui a Kassel, a un restaurante chino, pero todo lo que en mi libro cuento no se parece en casi nada a lo que allí me pasó en realidad. Lo que sucede es que la historia resulta muy verosímil, quizás porque se apoya en datos que parecen muy verosímiles.

AGA: Recuerdo “Breve entrevista inventada”, texto en el que te cuestionas: “¿Es completamente verdad lo que se cuenta en Kassel no invita a la lógica o sólo es autobiográfico en un 27 por ciento?”. Y en el juego te respondes: “No, nada de porcentajes, es todo ahí completamente verdad”. Pienso en la frase de Rimbaud: “Yo es otro”.

EVM: Es todo verdad porque está inventado con verosimilitud. Ahora bien, todo  sale de algo que hemos vivido, incluso de lecturas. Me he dedicado siempre a la ficción. La gente habla del hambre de realidad y quiere que le cuenten “historias reales”. Pero en el momento en que uno escribe siempre el que escribe es otro. Creo que eso está comprobado desde Montaigne. El autor de Los ensayos se da cuenta de que está creando un personaje.

AGA:¿Cómo percibes Dublinesca y Aire de Dylan tras la escritura de Bartleby y compañía, El mal de Montano, París no se acaba nunca y Doctor Pasavento?

EVM: En Dublinesca hice una novela-novela, en el sentido convencional. Saboteaba la realidad desde adentro. En el libro hay muchos ingredientes hechos para construir una novela. La parte final de libro es bastante beckettiana otra vez. Ahí hay realmente una gran novela. Y Aire de Dylan es una experimentación. En otra época hice experimentaciones. Lejos de Veracruz es un libro experimental. Se puede interpretar que con Dublinesca y Aire de Dylan abrí camino a Kassel no invita a la lógica. ~

 

* El Cultural (México), número 24, 28 de noviembre de 2015. (Nota de EV-M: He modificado levemente algunas de mis declaraciones de noviembre de 2015, tratando de que estemos ante una entrevista móvil. Seguro que al entrevistador le parecerá bien. Y es que algunas de las cosas que dije en aquella entrevista no se corresponde demasiado con lo que hoy pienso de ellas. Barcelona, 19 de octubre 2016.)

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