ENRIQUE VILA-MATAS
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PORQUE ELLA NO LO PIDIÓ (2015)
Sophie Calle
Because She Never Asked, 2015

2015
BECAUSE SHE NEVER ASKED
New Directions (Nueva York)
Trad. Valerie Miles
One day, the day least expected, a woman rang Rita Malú and told her she had a proposition to make, but that it couldn’t be done over the phone. Finally a client! That day, life seemed to take on a whole new meaning. They arranged to meet two hours later in the detective’s office. The woman had a pale face and was very thin, almost thirty, dressed soberly, seemed sad, her name was Dora. The advertisement had caught attention, the woman said –“so original”, she emphasized- because it claimed the ability to find someone who was hiding out. It fitted, she said, the profile of investigator she needed.
Porque ella no lo pidió, 2016

2016
PORQUE ELLA NO LO PIDIÓ
Editorial Lumen (Barcelona)
(23 marzo 2016)

  -No me engañes –le dije a Sophie.
Me salió del alma. Fue algo que me salió espontáneamente, como si explotara después de tantas ambigüedades. Había empezado incluso a coger confianza con ella.
  -¿No me engañes qué significa? ¿Quieres decir que no juegue contigo? –dijo entonces Sophie en un español más que correcto.
  -Exacto –sonreí-. No juegues conmigo.
(Me pareció un buen título para una novela)
Sophie Calle     BIBLIOGRAFÍA
ACERCA DE PORQUE ELLA NO LO PIDIÓ

because
Ya desde el momento de publicarlo, pensé que Porque ella no lo pidió, el relato que habla de mi relación con Sophie Calle, debería haber sido editado de forma independiente, como un libro aparte y no dentro un conjunto de relatos.
    Ahora por fin, en New Directions, Porque ella no lo pidió iniciará en noviembre de este año en Nueva York (Because She Never Asked, traducción de Valerie Miles) una vida propia, es decir, constituirá un libro por sí solo. “Nobody imitated Sophie Calle better than Rita Malú. Rita liked to be considered an artist, though she wasn’t at all sure of being one…” Me gusta mucho esta historia que empezó cuando en París llegué con Sophie Calle a un pacto que de algún modo se parecía al de los dos viajeros de Extraños en un tren, aquellos dos tipos creados por Patricia Highsmith que acuerdan asesinar a sus enemigos mutuos al mismo tiempo. En nuestro caso, el pacto, menos criminal, consistió en acordar que durante un año yo le escribiría a Sophie la vida, y ella la viviría.
    En cuanto firmamos aquel pacto, vi que estábamos al inicio de una novela fascinante, y puse enseguida manos a la obra, le escribí a Sophie su vida durante el siguiente mes: en mi historia, debía ella viajar a las Azores y descubrir una casa desierta junto a un acantilado, una casa en la que yo sabía que había un fantasma, al que estaba seguro que ella sería capaz de fotografiar. Pero pasaron días y luego semanas y hasta meses y ella –como ocurre con el segundo asesino de Extraños en un tren- no se decidía a actuar; en su caso, a vivir lo que le había escrito.
    Empezó a ser terrible porque si Sophie no ejecutaba su parte, yo no podía seguir escribiéndole su vida y corría el peligro, además, de quedar bloqueado para siempre, esperando a que ella moviera ficha…Viendo que Sophie no se ponía en marcha y que yo de modo muy peligroso me estaba convirtiendo en un escritor paralizado, decidí salvarme como fuera y al menos escribir un relato en el que contaría mi historia frustrada con ella.
    Me ocurrió entonces algo bien extraño: normalmente nosotros, los narradores, tratamos de que parezcan verdaderas nuestras historias de ficción. Dicho de otro modo, relatamos acontecimientos imaginarios como si hubieran sucedido, les insuflamos apariencia de realidad a pesar de que han nacido en nuestra imaginación… Hacemos esto porque una vida no da para demasiadas cosas y a veces muchos de los que nos dedicamos a escribir no llegamos a tener ni una sola historia de nuestra vida verdadera que sea interesante para contar.
    Y aquí viene lo más raro de lo que me pasó con Sophie. Por primera vez contaba con una historia que me había ocurrido a mí y que era interesante para contar, pero esa historia había quedado tan tempranamente truncada que no tenía estructura de cuento, no podía llegar a parecerse nunca a un relato literario. Eso me hizo comprender que, sólo si construía una ficción que se infiltrara en medio de aquellos hechos reales, lograría, al escribirla, encontrarle un cierre a la narración y así darle un sentido a la historia que había vivido de verdad.
    Pensé, no sin sarcasmo: ya es mala suerte que para una vez que me pasa algo interesante, la necesidad de hacerlo verosímil me obligue a añadirle al relato una parte inventada y, encima, a tener que decir que fui yo quien buscó a Sophie y que ella en momento alguno me pidió nunca nada. Y pensé también: ya es mala suerte que la primera historia con cierto empaque de mi vida tenga que falsearla por motivos técnicos, hacer como si aquella petición ella sólo se la hubiera hecho a Paul Auster, que, como se sabe, resolvió el asunto dictándole una “intervención callejera” en Nueva York que tituló Porque ella me lo pidió.
    Y a mí, de verdad, ¿no me pidió nada?
Enrique Vila-Matas
Soy un explorador de mi propio abismo SOY UN EXPLORADOR DE MI PROPIO ABISMO.

Era siempre el mismo número de teléfono, todo el día. Una pesadez. Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948), arrastrando el enojo del que no anda bien de salud, le pidió a su esposa que no lo descolgara, pero ante la insistencia, ésta lo desobedeció. Era el médico del seguro, con unos resultados. Se puso el escritor: "Usted debe de encontrarse muy mal, ¿no?", le espetó el especialista. "¿Cómo lo sabe?". (Sigue leyendo)
Sophie Calle, Salle Labrouste (Paris)
FRAGMENTO DE PORQUE ELLA NO LO PIDIÓ

Suele decirse que la literatura tiene una notable ventaja sobre lo que vivimos: la de que uno puede volver atrás y corregir. Pero en mi caso no me interesa nada volver atrás ni corregir; creo que es mejor dejarlo todo tal como está, al menos tal como está hasta el día en que digo que llamó Sophie Calle a mi casa. A partir de ahí, la cuestión es diferente. Ese día marca un antes y un después en mi diario porque fue el primero en que comencé a inventarme una historia. Hasta entonces todo lo que mis notas rápidas contaban me había sucedido de verdad, pero ese día hubo un cambio y se me ocurrió inventar que Sophie Calle me había llamado a casa para proponerme un misterioso proyecto que no podía contarme por teléfono. Esa primera nota rápida con inventiva acabaría con el tiempo elaborándola literariamente y trasladándola al ordenador
A suivre
y originando una fabulación paralela a la historia que iba inventando en mi enérgico cuaderno rojo de las notas rápidas.
    ¿Por qué inventé que Sophie Calle llamó a mi casa? ¿Y por qué inventé que me había pedido que escribiera algo para que ella pudiera luego vivirlo? Es muy posible que lo inventara todo precisamente porque ella no lo pidió.
    Sophie Calle nunca llamó a casa, eso pertenece a mi imaginación, al igual que es inventada la historia de mis encuentros y desencuentros con ella. Supongo que imaginé esa llamada y todo lo demás porque estaba cansado de la atonía de mi existencia y necesitaba poder contar una vida más interesante en mi diario de las notas rápidas.
    Lo pienso ahora bien y veo que con Sophie tengo una historia inventada, una historia escrita que a partir de hoy podría atreverme a intentar vivir en lugar de seguir imaginándola. Pero ¿cómo hacer para vivirla? De entrada, no es fácil lograr que Sophie Calle, a la que no conozco de nada, me llame a casa. Y más difícil aún quedar con ella en el Café de Flore y que me pida todo eso y que me proponga lo que ya le propuso hace ocho años a Paul Auster. Es difícil que logre vivir yo esa historia, pero no hay nada imposible y no quiero sentirme ahora derrotado de antemano, de modo que voy a intentar dar los pasos que sean necesarios para vivir la historia con Sophie Calle que hasta ahora he ido imaginando y escribiendo. Dicho de otra forma, si el tema del Quijote es el del soñador que se atreve a convertirse en su sueño, mi historia será la del escritor que se atreve a vivir lo que ha escrito, en este caso lo que ha inventado acerca de sus relaciones con Sophie Calle, su “artista narrativa” preferida.
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