| Enrique Vila-Matas |
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Autobiografía literaria
«Libro unitario de relatos en torno al tema del suicidio. Precedente claro de Bartleby y compañía en cuanto a narrar historias de personas que se retiran de una actividad. Lo escribí para indagar cuáles eran mis relaciones con la vida y con la muerte, sobre todo con esta última, puesto que desde la ventana de mi sexto piso se ofrecía fácil la posibilidad del vuelo. Recuerdo que mientras trazaba las historias de ese conjunto de relatos, teniendo en cuenta que me identifico siempre con los personajes del libro que ando en aquel momento escribiendo, sentía un cierto temor a probar mis alas y matarme.»
A Paula de Parma
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Viajar, perder países
Hace unos años comenzaron a aparecer unos graffiti misteriosos en los muros de la ciudad nueva de Fez, en Marruecos. Se descubrió que los trazaba un vagabundo, un campesino emigrado que no se había integrado en la vida urbana y que para orientarse debía marcar itinerarios de su propio mapa secreto, superponiéndolos a la topografía de la ciudad moderna que le era extraña y hostil.
Mi idea, al iniciar este libro contra la vida extraña y hostil, es obrar de forma parecida a la del vagabundo de Fez, es decir, intentar orientarme en el laberinto del suicidio a base de marcar el itinerario de mi propio mapa secreto y literario y esperar a que éste coincida con el que tanto atrajo a mi personaje favorito, aquel romano de quien Savinio en Melancolía Hermética nos dice que, a grandes rasgos, viajaba en un principio sumido en la nostalgia, más tarde fue invadido por una tristeza muy humorística, buscó después la serenidad helénica y finalmente -«Intenten, si pueden, detener a un hombre que viaja con su suicidio en el ojal», decía Rigaut- se dio digna muerte a sí mismo, y lo hizo de una manera osada, como protesta por tanta estupidez y en la plenitud de una pasión, pues no deseaba diluirse oscuramente con el paso de los años.
«Viajo para conocer mi geografía», escribió un loco, a principios de siglo, en los muros de un manicomio francés. Y eso me lleva a pensar en Pessoa («Viajar, perder países») y a parafrasearlo: Viajar, perder suicidios; perderlos todos. Viajar hasta que se agoten en el libro las nobles opciones de muerte que existen. Y entonces cuando todo haya terminado, dejar que el lector proceda de forma opuesta y simétrica a la del vagabundo de Fez y que, con cierta locura cartográfica, actúe como Opicinus, un sacerdote italiano de comienzos del trescientos, cuya obsesión dominante era interpretar el significado de los mapas geográficos, proyectar su mundo interior sobre ellos -no hacía más que dibujar las formas de las costas del Mediterráneo a lo largo y a lo ancho, superponiéndole a veces el dibujo del mismo mapa orientado de otra manera, y en estos trazados geográficos dibujaba personajes de su vida y escribía sus opiniones acerca de cualquier tema-, es decir, dejar que el lector proyecte su propio mundo interior sobre el mapa secreto y literario de este itinerario moral que aquí mismo ya nace suicidado.
(Prólogo de Suicidios ejemplares)
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Contraportada
“En el prólogo de esta singularísima colección de suicidios imaginarios se nos habla de unos grafittis misteriosos que hace unos años aparecieron en la ciudad nueva de Fez, en Marruecos: «Se descubrió que los trazaba un vagabundo, un campesino emigrado que no se había integrado en la vida urbana y que para orientarse debía marcar itinerarios de su propio mapa secreto, superponiéndolos a la topografía de la ciudad moderna que le era extraña y hostil..» Todo parece indicar que en estos relatos contra la vida extraña y hostil, el narrador, al igual que el vagabundo de Fez, intenta orientarse en el laberinto del suicidio a base de marcar el itinerario de su propio mapa secreto y literario: «Y eso me lleva a pensar en Pessoa (“Viajar, perder países”) y a parafrasearlo: Viajar, perder suicidos; perderlos todos. Viajar hasta que se agoten las nobles opciones de muerte que existen.»
Viajar y perder países, inventar personajes que evitan que nos arrojemos al vacío, adentrarse a tumba abierta en la realidad, perseguir con gran fatiga vidas ajenas, morir de esa pasión extrema que puede ser el amor, coleccionar tempestades, interiorizar a los muertos, perderse, resignarse a la grisura de la vida, practicar la saudade, convertirse en fantasma: éstas son algunas de las nobles suertes de muerte o despedidas irónicas de la vida que habitan las páginas de esta colección de sútiles suicidios y van trazando un inquietante itinerario moral a través del tema de la muerte por mano propia, sin sucumbir al suicidio pero también sin escapar de él.”
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ROBERTO BOLAÑO.
CONSEJOS
SOBRE EL ARTE DE
ESCRIBIR CUENTOS.
Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.
1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno. Honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco.
Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.
6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!
8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
12. Lean estos libros y lean también a Chejov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo. |
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· Barcelona, Anagrama, 1991
· Col. Narrativas hispánicas, 107
· ISBN 978-84-339-0917-6
· Barcelona, Anagrama, 2000
· Col. Compactos Anagrama, 238
· ISBN 978-84-339-6668-5
· 176 páginas
En la prensa

Diario de Pernambuco
31 de julio 2009
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- Basanta, Ángel, “Suicidios ejemplares”, ABC, 11 de mayo de 1991, p. V.
- Bradu, Fabienne, Vuelta, 196, marzo de 1993, pp. 53-54.
- Dellano Rios, “Escrever é preciso, viver...”, Diário do Nordeste, Fortaleza (Brasil), 4 de julio de 2009.
- Dupin, Jean Patrice, “Sur le thème du suicide”, La Quinzaine Littéraire, 667, París, abril de 1995, p. 11.
- Echevarría, Ignacio, “Ignorar la vida”, El País, 24 de marzo de 1991, p. 4.
- Enrigue, Álvaro, Vuelta, 189, México, agosto de 1992, pp. 45-46.
- Ezquerra, Iñaki, “Un problema cómico”, El correo español-El Pueblo Vasco, 22 de marzo de 1991, p. 53.
- Fernández Cavia, José, “¿Qué mejor suicidio que la literatura?”, El Observador, 4 de mayo de 1991, p. V.
- Gudiño Kieffer, Eduardo, “Desengaños y hartura”, La Nación, Buenos Aires, 27 de octubre de 1991, p. 4.
- Horst, Doortje, “Met de grote teen van zijn rechtervoet”, Vollskart Kunsthylasse, Holanda, 8 de enero de 1993.
- Jaccard, Roland, “Choréographie de la destruction”, Le Monde, 6 de mayo de 1995.
- Jacobus, Simona, “Zelfdoding als de ultieme autor”, Humanist, mayo de 1993, pp. 20-22.
- Lacombe, J. P., “Suicides exemplaires”, Les Inrockuptibles, 4, 1995, p. 59.
- Lansu, Alle, “De kunst van het koorddansen”, Parool, Holanda, 13 de febrero de 1993.
- Lindon, Mathieu, “Vila-Matas, le suicideur”, Libération, París, 15 de marzo de 1995, p. VII.
- Masoliver Ródenas, Juan Antonio, “Una coreografía de la destrucción”, La Vanguardia, 5 de abril de 1991, p. 3.
- Moreno Villamediana, Luis, “V-M par M-V”.
- Morillas, Esther, El Sol, 3, 1991.
- Sabugo Abril, Amancio, Cuadernos Hispanoamericanos, 503, mayo de 1992, p. 152.
- Santos, Dámaso, “Humor y fantasía”, El Sol, 43, 19 de abril de 1991, p. 5.
- Solano, Francisco, “La gracia de la muerte”, Reseña, 217, 1991, p. 3.
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