| ENRIQUE VILA-MATAS |
AUNQUE NO ENTENDAMOS NADA (2003) |
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«Sospecho que si Aunque no entendamos nada, el texto que abre esta colección de artículos y ensayos literarios, fuera lo único que hubiera escrito en toda mi vida, ese texto, por sí solo, sería ya más que suficiente para hacerse una idea completa de cuál es mi visión del mundo y de la literatura. Y es que en Aunque no entendamos nada está concentrada toda mi poética, basada fundamentalmente en cargar de sentido al absurdo y considerar que lo esencial de la realidad se encuentra en los libros.
Aunque no he entendido nunca nada de este mundo (y, en cambio, no sé por qué, entiendo muy bien lo que estoy escribiendo en este prólogo), aunque no he entendido nunca por qué vivo ni tampoco por qué un día estaré muerto, aunque no he entendido nunca nada, yo he seguido siempre adelante buscando y encontrando siempre en la literatura, y paradójicamente en el absurdo, el sentido del mundo.
Habría quedado muy elegante y shandy haber escrito tan sólo Aunque no entendamos nada y verme convertido en lo que nunca me atreví a ser: el discreto autor de un opúsculo perfecto. Pero como contrapartida no existiria el resto de textos que recoge este volumen y que tengo en gran aprecio. Sería en el fondo lamentable que no hubiera escrito, por ejemplo, las columnas que desde febrero de 2001 envío quincenalmente a la redacción de Las Últimas Noticias, a mi amigo Andrés Braithwaite (a quien está dedicado este libro, que él tuvo la idea de poner en marcha), unas columnas aquí reunidas bajo el título Hasta ahora, todo perfecto. Y también sería lamentable, al menos para mí -los demás tienen todo el derecho de no entender nada de lo que digo-, que no hubiera escrito Regreso al tapiz que se dispara en muchas direcciones (texto clave para mí, pues su estructura me sirvió de ensayo general para la estructura de mi novela más chilena, El mal de Montano). Y lo mismo digo de mis aproximaciones raras a los mundos de Juan Emar y de Roberto Bolaño, dos escritores de mi cuerda literaria, extraordinarios ambos. Cierra el volumen una declaración de principios estéticos titulada Discurso de Caracas, una emocionada meditación sobre la responsabilidad y el poder de las palabras, aunque a veces digamos que no las queremos o que no nos sirven o que no las entendemos nada.»
E. V.-M. |
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| CITAS |
“Mientras compraba el libro (El año pasado en Marienbad) pensé que todo aquello no tenía nada precisamente de incomunicacion esencial, más bien todo lo contrario” (p. 30)
Making of de L’Année dernière à Marienbad.
“En Auschwitz, precisamente, Primo Levi había observado la necesidad del Laboro ben fatto (el trabajo bien hecho) que em- puja a la gente a cumplir su cometido in- cluso en situaciones de esclavitud” (p. 115)
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“Omar Caceres decía que el camino muere cuando nuestro automóvil lame su fantasma y nosotros giramos vertiginosamente en la espiral de nosotros mismos” (p. 44)
“He conocido tímidos absolutamente geniales, como el escritor guatemalteco Augusto Monterroso. De hecho, yo creo que casi siempre en la timidez hay genio” (p. 93)
ATENCIÓN. Visitar el Monterroso´s Blog.
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- J.C. Sáez Editor
- Santiago de Chile, 2003
- 174 páginas
- ISBN 956-7802-73-4
- EAN 9789567802739
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«Quinta colección de artículos y ensayos literarios, en este caso con destino únicamente a las librerías chilenas y la librería La Central de Barcelona. El texto inicial, el que da título al libro, lo desguacé y reciclé con destino a la novela que comencé a escribir poco después: Doctor Pasavento. En la parte final se incluyen dos textos que aprecio especialmente, lo que espero que les preserve de ser desguazados en un futuro: las palabras dedicadas a Bolaño en la hora de su muerte (Un plato fuerte de la China destruida) y las de aceptación del premio Rómulo Gallegos (Discurso de Caracas).»
De AUTOBIOGRAFÍA LITERARIA |
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ÍNDICE
Para entendernos / 7
AUNQUE NO ENTENDAMOS NADA / 9
HASTA AHORA, TODO PERFECTO / 33
Ventanas iluminadas /35
Primeras frases / 38
Al despedirnos / 41
Poesía perdida del automóvil / 43
Volverás a Comala / 45
Leer para no envejecer / 48
El oro pálido del ron / 50
Viajes / 53
La paz del espejo roto / 55
Kafkería / 57
Literatura y mercado / 59
Un partido con el corazón partido / 61
No todos son como Marilyn / 64
El viejo, el mar y Hemingway / 67
Hasta ahora, todo perfecto / 70
El filósofo de la vaca / 73
La mala costumbre de esperar / 76
Los recuerdos de la infancia / 78
Musas y envidia / 80
El extraño caso del doctor Attendu / 82
Más allá de las torres gemelas / 85
Locura de bolsillo / 87
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El sinsentido de Madeira / 89
El Nobel húngaro y el chileno Tongoy / 91
En la timidez hay genio / 93
Insomnio infinito de Pessoa / 95
Oiga, ¿qué le encuentra a la literatura? / 97
Todos los jóvenes tristes / 99
La parrilla del demonio / 102
El escritor de tristezas / 104
El drama de ser rechazados / 106
Contra la música ambiental / 109
Noche de guerra / 111
La imaginación de los serios / 113
Dios ve todo, pero no se lo dice a nadie / 115
Rumbo al abismo / 117
La baronesa que hablaba como la lluvia / 119
¿Estoy en Chile? / 121
UN PLATO FUERTE DE LA CHINA DESTRUIDA / 123
NUESTRO EMAR DE ULTRAMAR (UN ESCRITOR CHILENO EXPLICADO A LOS QUE NO SON ESCRITORES NI CHILENOS) / 131
REGRESO AL TAPIZ QUE SE DISPARA EN MUCHAS DIRECCIONES / 139
DISCURSO DE CARACAS / 161 |
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Hace ya unos cuantos años, en un bar de Nueva York, Juan Benet le dijo a Eduardo Mendoza: «Hoy he escrito la primera página de una novela y no sé de qué se trata, pero sé que me espera un año de obsesión». No es mal plan el suyo, pensó Mendoza. Afuera nevaba copiosamente.
No recuerdo quién dijo que la nieve sería muy monótona si Dios no hubiera creado los cuervos. ¿Y qué decir de las páginas en blanco? Pues que pueden ser tan silenciosas y aterradoras como monótonas, pero por suerte quienes escriben tienen a los tenebrosos cuervos de la escritura recordándoles que cada libro es una aventura. Afuera llueve. Y yo aún no sé muy bien de qué tratarán las páginas de este ensayo que acabo de iniciar. Seguramente intentaré exponer en él mi visión de ese absurdo cargado de sentido que es el mundo y lo haré valiéndome de una estructura odradek, una estructura literaria que adquiera la forma del ready-made, de uno de esos objetos híbridos e inútiles —tan inútiles como el mundo— ante los que Kafka sentía asombro y extrañeza y que a menudo —porque no entendía nada de ellos— le parecían «un vergonzoso misterio».
No sé muy bien lo que haré, pero en todo caso sé que pronto terminaré esta primera hoja. Mi vecino de la ventana de al lado también escribe, aunque lo hace valiéndose de un ordenador. Es como un vecino salido de La ventana indiscreta, de Hitchcock. Físicamente se parece bastante al escritor italiano Antonio Tabucchi. Lo veo escribir a la caída de la tarde, todos los días. ¿Tiene mi vecino el mismo problema de escritura que yo tengo ahora? El cuervo de esta primera página tiene hoy su punto de extraño silencio, se pasea sonriente por la nieve de mi primera página en blanco. ¿Me espera un año de obsesión en compañía de ese cuervo? No parece lógico, esto es sólo un ensayo (...)
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“(...) Parafraseando a Ricardo Piglia diré que he encontrado mi vida en el interior de los textos que he leído. Y así, por ejemplo, hay una escena de Tolstoi que he interiorizado y en la que me veo a mí mismo leyendo: es aquella en la que un personaje está en un tren y tiene un libro en sus manos, y una luz en la cabina le ilumina su lectura. Para mí, ésta es una imagen de felicidad. Hablando de felicidad, la literatura puede darla. Pues hay que saber que la literatura permite pensar lo que existe pero también lo que se anuncia y todavía no es. El mundo es un texto. Y ese texto es nuestra vida, está en los libros. Sólo vivimos realmente a medida que leemos nuestra vida, transcendiéndola. Porque sólo la literatura es transcendente, nos descubre a los otros y hace que nos preguntemos cómo es posible que los signos sobre una tabla de arcilla, los signos de una pluma o de un lápiz puedan crear una persona (un Quijote, un Gregor Samsa, una Beatriz, un Falstaff, una Ana Karenina) cuya sustancia excede en su realidad, en su longevidad personificada, la vida misma.
(...) La gracia suprema de la lectura se encuentra en leer lo incomprensible. Y es que no debemos olvidar que la primera función del arte es extrañar, romper nuestros hábitos de percepción y volver lo nuevo viejo. La lectura rejuvenece, y éste quizás sea el argumento más convincente que existe para que la gente lea. Pues hemos de saber que el lenguaje envejece rápido en nosotros y sólo los escritores que amamos nos lo renuevan. Leer –como rejuvenecer- procura cierto instintivo placer curioso, una segunda naturaleza."
De LEER PARA NO ENVEJECER |
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“(…) Leo a Dinesen desde que empezaron a traducirse sus libros al español. Me ha acompañado siempre aquella primera frase perfecta del comienzo de su libro de memorias y que, si mal no recuerdo, empieza así: «Yo tenía una hacienda en África…». Mi admiración por la baronesa Blixen se ha duplicado estos días cuando he leído Ensayos completos, un conjunto de textos no narrativos –ignoraba yo esa faceta de Blixen y me ha sorprendido muy agradablemente- en los que habla de muy variados temas: del matrimonio moderno como impostura del sentimiento y del amor como juego; de la risa de los negros según los blancos y la de los blancos según los negros; de cómo la gente no piensa y desperdicia la vida («cada uno de nosotros siente en su corazón la inherente riqueza y extrañeza de una sola cosa: su propia vida»), etcétera.
Los ensayos, escritos todos después de su experiencia en África, terminan con una verdadera perla, un breve texto sobre los lemas o divisas que Blixen eligió en diferentes épocas de su vida. Cualquiera de ellos lo elegiría yo para la mía. «Con frecuencia en apuros, nunca asustada» rigió su juventud. «Responderé» (el lema familiar de su amigo Finch-Hatton) marcó su época feliz en la hacienda de Kenia. Con el fin de sus días africanos y el crepúsculo de la juventud, entraron en su vida las tres divisas de las puertas de una vieja ciudad con tres murallas: «Sé audaz», se leía sobre el primer portón. «Sé audaz», también sobre el segundo. Y, sobre el tercero, «No seas demasiado audaz».
Al terminar el libro, le quedan a uno ganas de elegir una divisa para su propia vida. Una que siempre me gustó mucho fue la de Barbey d’Aurevilly: «Too late» (Demasiado tarde).
De los lemas de Blixen me encantan todos, pero me quedo con «Responderé» (responderé de lo que digo o hago, responderé a la impresión que cause, seré responsable). Parece tan adecuado para los tiempos que corren.”
De LA BARONESA QUE HABLABA CON LA LLUVIA |
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